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|Poetas|
| 07 FEB 2018, 3:20 PM

Es un poeta el hombre herido al caerle un letrero de una plaza


20180207 https://www.diariolibre.com

SANTO DOMINGO. Homero Pumarol Santos, el hombre que resultó herido, luego de que en la mañana de este miércoles le cayera encima un letrero de una plaza es un poeta, declamador y escritor.

De acuerdo a su biografía publicada en varios sitios web, el escritor nacido en 1971 es trillizo con dos mujeres. Lanzó los poemarios “Cuartel Babilonia” 2000 y “Second Round” en 2003, entre otros. Vivió en México y Argentina.

En 2013, durante la XVI Feria Internacional del Libro Santo Domingo le rindió tributo, designando con su nombre una de las calles de la Plaza de la Cultura.

“Homero Pumarol es un gran referente para las nuevas generaciones de poetas y escritores. Su gran sensibilidad al escribir poesía marca un hito en la tradición de la poesía que se venía produciendo al final de los 70 y 90, a partir de su poemario Cuartel de Babilonia”, destacó Basilio Belliard, director de Gestión Literaria.

Al momento del accidente el poeta de 47 años, se dirigía a un gimnasio de la avenida Tiradentes, con Gustavo Mejía Ricart, en esta capital. Fue llevado al Hospital Plaza de la Salud por una unidad del 911.

Poemas de Homero, publicados en su blog “hugodechina”
No Resistance!!!

Cuando te ponen una Colt 45 en la cabeza

A las 4 de la mañana en la zona colonial

Lo primero que pierdes es la borrachera.

Ese dinero tan bien invertido desde las siete de la noche

En el menos doloroso de los casos en cerveza

Se esfuma tan pronto el cañón frío toca por primera vez tu sien.

Los cigarros no importan mucho,

Pero molesta comprobar que todo atracador fuma

Y que no te dejará ni el de la vergüenza.

Después avanzas por la calle oscura con la insoportable sensación

de que acabas de nacer sin bibi pin ni Blackberry,

en un mundo donde nadie te conoce

y donde tus nervios importan tan poco

como todo el efectivo que dices que tenías.

Punta Cana

En vano trato de escribir poemas, me siento horas frente a una pared

y a veces garabateo algunas palabras.

Mis sueños son números rojos, la musa se fue para Punta Caña,

mi vida pasa delante de mí como una ambulancia.

Mis vecinos jubilados me regalan cerveza

y son felices con sólo no leer mis poemas.

Cada vez que salgo en busca de imágenes

termino comprando salami en el supermercado.

Cuando regreso mi mamá está sentada en la mesa

gritando “¿Hoy no se piensa comer en esta casa?

Mi hijo, dedícate mejor a cualquier otra cosa,

donde no haga falta pensar y que te paguen dinero”.

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