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El drama de una familia afectada por elefantiasis en El Seibo

La estrechez económica y el hacinamiento en el hogar han permitido que la infección siga multiplicándose y afecte a más miembros de la familia

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El drama de una familia afectada por elefantiasis en El Seibo
Ezequiel Figueroa de la Cruz. (DIARIO LIBRE/MANUEL ANTONIO VEGA)

EL SEIBO. Los vecinos del barrio El Rincón, al sur de El Seibo, casi no concilian el sueño, debido a que tienen que levantarse a menudo, por los quejidos, fiebres y gritos constantes que produce el dolor a tres miembros de una familia, afectados por el síndrome de elefantiasis, que hace crecer sin parar los pies.

Sin recursos para enfrentar la filariasis linfática, nombre real de la enfermedad, el pastor Ezequiel Figueroa de la Cruz, de 46 años, su madre, y su hermano Juan Darío Figueroa de la Cruz, ya no tienen de donde echar mano, para combatir el quebranto, que cada día que pasa se hace más insoportable en sus piernas.

El pastor Ezequiel Figueroa de la Cruz, el primero en padecer la rara enfermedad, tiene 13 años que un mosquito le picó y desde entonces sus piernas no han dejado de engordar, imposibilitando que pueda caminar, como lo hacía anteriormente.

El hombre tuvo que abandonar el púlpito en la iglesia “Río de Agua Viva” del sector Villa Guerrero, porque ya no puede caminar.

Sus piernas están anormalmente grandes, explicando los médicos que ya tiene un bloqueo en el sistema linfático.

“El dolor en mis piernas y las fiebres son constantes, están acabando con mi vida”, narra el reverendo con voces entrecortadas por los quejidos que provocan la rara enfermedad.

Su piel, como lo dice el nombre de la infección, ha ido provocando que sus piernas se asemejen a las patas de un elefante.

El hombre duerme sobre una colchoneta, colocada en un viejo sofá, en un rincón de la casa de su madre.

Las moscas no dejan de lamer sus piernas, lo que hace más dramático el cuadro clínico del enfermo.

Como para consolarlo, una gallina se pasa el día sobre el sofá. Él le pasa la mano, para entretenerse en algo.

Denunció que una vez enfermó y el crecimiento de sus piernas le quitó el caminar, un miembro de la iglesia que ministraba, a quien identificó como Clemente, lo echó del templo.

“Es una persona prepotente. Me sacó, porque entendía yo podía enfermar a los feligreses”, dijo.

Lidia Esther de la Cruz Jiménez, madre del pastor, apenas lleva tres años sufriendo la enfermedad, pero sus piernas ya empiezan a ser desproporcionadamente grandes.

La enfermedad le llegó y ya una trombosis o parálisis la tiene casi postrada en una silla.

Su caminar es tortuoso y afirma que el dolor casi la deja sin habla.

En tanto, otro hijo, Juan Darío Figueroa de la Cruz, lleva cinco años con el quebranto, pero explicó que ese sale con sus piernas hinchadas a trabajar, para poder sobrevivir.

“La clase médica ni las autoridades de El Seibo, saben o no se dan por enteradas, sobre el drama que vive esta familia, que se muere y está despedaza por falta de recursos y atención médica”, denunció el concejal Francisco Álvarez Mercedes, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en El Seibo.

Los enfermos han sido tratados en la clínica Cruz Jiminián. El médico ha dicho que la infección está muy avanzada y que solo remedia su situación un tratamiento prolongado, para lo cual hay que contar con recursos económicos.

Historia

La infección es causada por unos parásitos denominados filarias que se transmiten a través de los mosquitos. La infección normalmente se contrae en la infancia causando daños asintomáticos en el sistema linfático.

Las manifestaciones dolorosas y profundamente desfigurantes de la enfermedad aparecen más tarde y conducen a una discapacidad permanente.

Transmisión

La elefantiasis es el resultado de una infección del gusano tropical de la familia Filarioidea. Los mosquitos infectados transmiten un parásito que bloquea el sistema linfático, obligando a que se acumule líquido en las extremidades. Aunque la elefantiasis no es contagiosa, en algunas zonas, la gente cree que el contacto con personas que tienen la enfermedad es peligroso o trae mala suerte.

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