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A.M. - Banalidades

Llama poderosamente la atención que un gobierno presidido por un ser superior como es el presidente Leonel Fernández, sea tan banal, tan superficial que casi asusta.

La última de las banalidades es el propósito de gastar cientos de miles de pesos para que muchas damas de los barrios se arreglen el pelo con motivo de las fiestas.

Es verdad que el programa contribuye a distribuir el ingreso entre los numerosos salones de belleza de los barrios, muchos de ellos regenteados por madres solteras, y que para muchas mujeres un arreglito no les vendría mal, pero concebirlo como una política de Estado es tan patético como superficial.

La lista de banalidades es larga y lo peor es que el Gobierno no parece darse cuenta. El Presidente, a quien no le gusta disgustar a nadie, parece haber perdido los filtros para evitar que esas cosas ocurran. Esos filtros funcionaban en su administración anterior y se evitaron no pocas sandeces.

Hemingway hablaba de un control interno que debía tener todo escritor para evitar los gazapos. Pues, lo mismo vale para los estadistas y para los dirigentes de cualquier actividad humana. Precisamente, su posición los obliga a elevarse por sobre la medianía e imponer su clase, el buen gusto y el decoro que deben presidir todos los actos de Estado y las políticas públicas.

Una de las virtudes reconocidas a Leonel Fernández es su sensatez y su sobriedad, así como su cultivado espíritu. Que no permita que el afán de ganar unos votos por ahí, o complacer la vanidad ajena por allá, le afecte su bien ganada fama.

atejada@diariolibre.com