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A.M. - El constituyente primario

Inmediatamente se conocieron los resultados de las elecciones congresuales y municipales, el tema de la reforma constitucional surgió de repente. Y como suele ocurrir en nuestro país con muchas cosas que no están en agenda, se ha tornado ineludible.

Pero las posibilidades de que ahora se logre un movimiento que conduzca a una real modificación del andamiaje jurídico-político y que supere los anacronismos, son mínimas.

La experiencia latinoamericana enseña que donde ha habido procesos de reforma de cierta importancia, no se han producido como hechos aislados ni por la voluntad de un líder providencial.

Si lo de ahora pretende ser un debate serio, y no una imposición de las élites políticas e intelectuales, debe propiciarse un gran debate nacional que parta de la siguiente premisa: que no se deje en manos de los legisladores modificar la actual Constitución para consignar el objeto de las reformas y los artículos que ésta tocará. Esa decisión debe pertenecer al pueblo, que es el constituyente primario y como tal, puede darse en cualquier tiempo una constitución distinta a la vigente, sin sujetarse a los principios que esta consigna. Ese sería el primer indicio de que no estamos ante un movimiento inducido. De ahí podría surgir una constituyente por referéndum, o comisiones constitucionales para redactar el nuevo texto, o una comisión de notables. Lo que sea, pero siempre sobre la base de que el poder constituyente originario es absoluto e ilimitado.

Hay que ir a la raíz, al pueblo, al constituyente primario, a ver si de una vez por todas empezamos a hablar en serio de reforma constitucional.

Nrodriguez@diariolibre.com