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A.M. - El fondo y la forma

Disfraces de modernidad y de progreso. Antes, el pobre recibía una fundita. Ahora, una tarjeta prepagada para ir al colmado. Antes éramos "pobres pero honrados"; ahora somos "pobres pero modernos".

Y ese juego entre el fondo y la forma despierta entre los ciudadanos dudas: en realidad, no sabemos muy bien qué se propone este gobierno. Vamos, que no tenemos ni idea de qué piensa. Cuál es su plan para resolver el problema energético, qué política de migración piensa realmente seguir, qué va hacer para poner en pie la Seguridad Social, para combatir la inseguridad jurídica que padecemos todos y a diario, o cuándo va a dejar de nombrar botellas…

Desconcierta, eso sí, el ímpetu, entrega y arrojo con que se emprenden proyectos como el metro o la isla, que además de espectaculares son, ¿cómo decirlo?… extraños a los grandes problemas nacionales. Que de forma estarán muy bien, (y ni eso), pero que en el fondo no resuelven nada.

Salieron después de ganadas las elecciones, nunca en campaña, y empujados por la voluntad de los más altos cargos del gobierno se han ido imponiendo, sin presupuesto ni licitación, desplazando proyectos de todo tipo sin terminar.

Las grandes obras de este gobierno nacen con nombre y apellido. No parecen responder a un programa, sino a satisfacer iniciativas particulares. Uno compra computadoras de más, éste funda una ong, aquél se saca de la manga un elevado trompeta. El único requisito, que sea "moderno".

IAizpun@diariolibre.com