A.M. - La "revolución"
Ha ocurrido ante nuestros ojos y no es la revolución de las izquierdas de barricada, ni la de los sindicatos del pueblo trabajador, ni la siempre anunciada revolución tecnológica, ni la cultural que habrá de terminar con las brechas sociales. Es la revolución de los políticos. Han ido, lentamente pero sin desmayo, liberándose de su dependencia de los grandes grupos económicos y esa es una transformación profunda en las maneras del poder. Ya no necesitan las donaciones de los empresarios, aunque las exijan en forma de contribución voluntaria a 500,000 pesos el cubierto de una cena o 20,000 la entrada a una conferencia. Pero esos billetes -a caballo entre la donación y la extorsión- sostienen a los cargos de segunda, de tercera fila. Son los empresarios los que necesitan que los políticos los traten bien. Y en ese contexto encaja la condescendencia del Presidente del Senado cuando habla de "pasar la mano a los empresarios".
Los políticos han entendido que tienen la sartén por el mango y actúan con fiereza indisimulada. Los empresarios ya no ponen y quitan gobiernos. "Te paro una ley, ignoro el contrato, te cierro el local, te promulgo un decreto, te atizo un impuesto…" los políticos controlan todo.
Los políticos no quieren ser políticos. Quieren ser empresarios. Y ese es un problema grave. De dos contratos salen tres fortunas. ¿Quién tiene el poder económico ahora, si además la política les permite mover una cantidad de dinero nunca antes imaginada?
Se multiplica el dinero rápido y sin virtud. Empresas levantadas en 20, 30 años compiten con desventaja contra fortunas exprés, si un político invierte en su ramo.
El dinero ha pasado del alto empresariado a la clase política sin detenerse a tocar la puerta de la institucionalidad. Pero ese, el de la institucionalidad -y no otras pamplinas-, es el camino que necesitamos tomar.
IAizpun@diariolibre.com
Los políticos han entendido que tienen la sartén por el mango y actúan con fiereza indisimulada. Los empresarios ya no ponen y quitan gobiernos. "Te paro una ley, ignoro el contrato, te cierro el local, te promulgo un decreto, te atizo un impuesto…" los políticos controlan todo.
Los políticos no quieren ser políticos. Quieren ser empresarios. Y ese es un problema grave. De dos contratos salen tres fortunas. ¿Quién tiene el poder económico ahora, si además la política les permite mover una cantidad de dinero nunca antes imaginada?
Se multiplica el dinero rápido y sin virtud. Empresas levantadas en 20, 30 años compiten con desventaja contra fortunas exprés, si un político invierte en su ramo.
El dinero ha pasado del alto empresariado a la clase política sin detenerse a tocar la puerta de la institucionalidad. Pero ese, el de la institucionalidad -y no otras pamplinas-, es el camino que necesitamos tomar.
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