A.M. - Patente de corso
El nuevo negocio del país es conseguir un permiso municipal o nacional para explotar a los dominicanos. El primer ejemplo que viene a la memoria es el de las grúas. En esto cooperan Amet y el Ayuntamiento. La justificación es limpiar las calles de vehículos mal estacionados, propósito loable al que no se le ofrece solución, sino la aplicación del nuevo corsariato.
Usted es un empleado medio de una oficina pública que consiguió a duras penas un carrito de diez años de uso para transportarse. La mayoría de los edificios públicos aquí no tienen parqueo. Usted, al igual que todo el mundo, busca dónde dejar su carrito, dando lugar al primer empleo: el que "lo cuida". Pero un propietario de grúa que piensa en grande, habla con el Ayuntamiento y le ofrece una "borona" para limpiar la ciudad. El Cabildo habla con Amet, que lo acoge como parte de su misión y así se forma la película. El resultado: el empleado tendrá que gastar la mitad de su sueldo cada vez que el propietario de esta patente de corso lo atraque.
Hay que decir que la gente de Amet hace lo posible por resolver los problemas y el nuevo jefe, general Fernández Fadul, tiene una sensibilidad admirable a este respecto, pero el negocio está en otro lado.
Que el Ayuntamiento sensibilice para que se creen parqueos, o que se obligue al Estado a construir estacionamientos a sus oficinas, como hizo el Banco Central, pero que no se sigan otorgando patentes de corso a unos vivos.
atejada@diariolibre.com
Usted es un empleado medio de una oficina pública que consiguió a duras penas un carrito de diez años de uso para transportarse. La mayoría de los edificios públicos aquí no tienen parqueo. Usted, al igual que todo el mundo, busca dónde dejar su carrito, dando lugar al primer empleo: el que "lo cuida". Pero un propietario de grúa que piensa en grande, habla con el Ayuntamiento y le ofrece una "borona" para limpiar la ciudad. El Cabildo habla con Amet, que lo acoge como parte de su misión y así se forma la película. El resultado: el empleado tendrá que gastar la mitad de su sueldo cada vez que el propietario de esta patente de corso lo atraque.
Hay que decir que la gente de Amet hace lo posible por resolver los problemas y el nuevo jefe, general Fernández Fadul, tiene una sensibilidad admirable a este respecto, pero el negocio está en otro lado.
Que el Ayuntamiento sensibilice para que se creen parqueos, o que se obligue al Estado a construir estacionamientos a sus oficinas, como hizo el Banco Central, pero que no se sigan otorgando patentes de corso a unos vivos.
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