Madrugada de escombros
El colapso de Jet Set deja una herida en la memoria de Santo Domingo
La madrugada del martes dejó una herida profunda en el Santo Domingo centenario. La discoteca Jet Set, ícono de la vida nocturna dominicana durante más de medio siglo, colapsó repentinamente. Un espacio de alegría mutó en escenario de luto.
Lo que durante décadas fue símbolo de encuentro, música y celebración, terminó envuelto en dolor y desconcierto. Tanto o más que un local, la capital ha perdido vidas, sueños, y memorias compartidas.
Entre los escombros quedan historias truncadas y afectos entrañables. Para muchos de nosotros, la Jet Set representaba una tradición cultural, un punto de referencia emocional que acogía a todos por igual.
Hoy, lo que era familiar y festivo se ha transformado en duelo colectivo. Nuestro corazón está con las víctimas, con sus familias, con todos los que han sido tocados por esta tragedia.
Resulta especialmente doloroso que un espacio tan arraigado en la memoria capitalina y que fue fruto del esfuerzo sostenido de una familia respetable, los Espaillat López, haya terminado vinculado a un hecho tan devastador. No hay palabras que alivien ese peso.
Frente a un evento tan inesperado, es comprensible que surjan preguntas. No es este, empero, el momento de apresurar explicaciones, mucho menos de adelantar juicios. Hay demasiado dolor como para abrir espacio a hipótesis o conjeturas. El tiempo de los informes técnicos y las investigaciones llegará. Ahora, el deber moral es otro.
Es tiempo de abrazarnos en el duelo y de ofrecer solidaridad genuina. Cuando colapsan estructuras físicas y el desgarro emocional asoma, la compasión y el compromiso colectivo necesitan firmeza. La discoteca Jet Set deja un legado cultural que merece respeto. Para las víctimas, memoria. Y para los afectados directos, consuelo y acompañamiento.

Aníbal de Castro