Juerga de compras
Compras innecesarias y clientelismo en las instituciones públicas
Nada debería ya escandalizar. En la administración pública dominicana se compra por costumbre, por placer y por negocio. La Digesett quiere pitos como si fueran trompetas de guerra; Pasaportes se da el lujo de adquirir boletas para el play; la JCE despilfarra en tabletas que luego reparte como si fueran suvenires de campaña. Ahora, amparada en los partidos que patrocinan el clientelismo, gastará innecesariamente seis mil millones en una nueva cédula. Y en Educación, durante años, se firmaban cheques millonarios para libros que jamás salían del almacén. O nunca entraban. Fue el ministro pasado —al que hoy intentan manchar— quien puso fin a esa feria editorial. Antes, las bodegas del ministerio eran cementerios de papel.
Se ha vivido ahora y siempre en una juerga de compras, un shopping spree. Comprar es sabroso. Abre puertas, aceita máquinas políticas, recompensa lealtades. Por eso los departamentos de compras son codiciados, porque allí es posible amasar fortunas disfrazadas de licitaciones y construir fidelidades con cargo al presupuesto.
El Estado es un comprador compulsivo. El Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie) representa la gula en su máxima expresión: miles de millones en compras escolares que no siempre llegan a los alumnos, pero sí a la cadena de suplidores de ocasión. Lo mismo pasa en casi todos lados: allí donde haya facturas, hay festín.
Este impulso por comprar dista de inocente. Es la expresión de una cultura política que maquilla trampas con gastos y contratos. Aunque Compras y Contrataciones lo intente y su liderazgo sea honesto, el sistema está viciado hasta los tuétanos.
Desde años ha, vivimos un shopping spree permanente, una orgía del despilfarro, una juerga sin fin. Solo que en esta borrachera, la resaca no la sufre quien bebe, sino el pueblo que paga.

Aníbal de Castro