×
Versión Impresa
versión impresa
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Juegos
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

La pequeña corrupción

El peligro de normalizar la deshonestidad en el diario vivir

Ya lo dijimos: la corrupción es compleja, astuta, multiforme. Ha encontrado en República Dominicana nichos de tolerancia que, con el tiempo, dejaron de ser excepción para convertirse en costumbre. En cultura. Se equivoca quien cree que el mal se registra únicamente en el Estado, como si fuera una enfermedad exclusiva de oficinas públicas. No. Lo que allí se incuba requiere socios activos en el sector privado, cómplices motivados, beneficiarios discretos y manos limpias solo en apariencia.

Pero hay otra corrupción, menos solemne y más cotidiana, que hemos normalizado como si fuera travesura nacional. Pequeña en monto, enorme en consecuencias. La doméstica que roba al patrón "porque aquí nadie se muere por eso". El técnico que instala internet o televisión y se aprovecha los materiales de la empresa para un trabajito extra. El burócrata que convierte un trámite simple en un viacrucis, para que usted entienda, sin que se lo digan, que hay una "salida" por la izquierda. El agente de tránsito que se hace el ciego ante la infracción, pero ve perfectamente el billete.

Y peor: los que colaboran en el tráfico ilegal de inmigrantes vendiendo "conexiones", como si la frontera fuera una ventanilla con tarifa. La falsificación de documentos para visas. El robo de pruebas académicas. El fraude convertido en atajo. Tampoco es casualidad que los dominicanos busquen beneficios de seguridad social en Estados Unidos sin cumplir requisitos, como si el engaño fuera derecho adquirido.

Esa corrupción menuda —la del diario vivir— es la que educa al país en la deshonestidad. La que erosiona el carácter colectivo. La que convence al ciudadano de que todo tiene precio, y que el vivo siempre gana.

Cuando la pequeña corrupción se vuelve rutina, la grande deja de escandalizar porque ya la conciencia nacional está anestesiada.

TEMAS -

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.