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Asistencialismo

Estamos en austeridad, se supone, pero no puede faltar el bono con motivo del Día de las Madres

Estamos en austeridad, se supone, pero no puede faltar  el bono con motivo del Día de las Madres. La frase del obispo  Hélder Câmara sigue retratando una vieja contradicción latinoamericana: "Cuando doy comida a los pobres me llaman santo; cuando pregunto por qué los pobres tienen hambre me llaman comunista".

En el país actual, esa contradicción se refleja en una política social cada vez más orientada al subsidio permanente y menos a la creación de oportunidades reales.

Nadie discute la necesidad de asistir a quienes viven en condiciones precarias. El problema surge cuando la ayuda deja de ser temporal y se convierte en modelo de gobierno. Entonces el Estado administra la pobreza en vez de combatir sus causas. Se reparten bonos, tarjetas y subsidios con gran eficacia propagandística, pero casi nunca se debate con igual intensidad cómo generar empleos dignos, mejorar  los salarios o la formación de la población.

La diferencia es esencial: proteger no es domesticar. Una política social sana ayuda al ciudadano a recuperar autonomía; una política clientelar lo acostumbra a depender del Gobierno. Por eso resulta preocupante la ausencia de iniciativas más ambiciosas vinculadas al empleo mínimo, la capacitación laboral o el apoyo al emprendimiento productivo.

La vieja metáfora sigue vigente. En lugar de entregar pescado indefinidamente, habría que enseñar a pescar. Porque quien aprende a sostenerse deja de depender del poder político.

El verdadero éxito de un programa social debería medirse por la cantidad de personas que dejan de necesitarlo. Sin embargo, muchas veces parece ocurrir lo contrario: mientras más beneficiarios existan, mayor es el capital político.

Combatir la pobreza exige algo más difícil que repartir ayudas. Hay que  enfrentar las raíces del problema. Educación deficiente, informalidad, baja productividad y falta de oportunidades. Pero esa discusión suele ser menos rentable que la asistencia inmediata. 


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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.