×
Versión Impresa
Día Jueves, 19 de Febrero de 2026 Edición 7251.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

La invasión silenciosa

La desigualdad aduanera erosiona la economía nacional

Las invasiones ya no llegan en galeones ni avanzan detrás de ejércitos. En el siglo XXI desembarcan en contenedores. No disparan un tiro, pero ocupan mercados, desplazan comercios y alteran el tejido económico de un país con la eficacia de quien conoce las grietas del sistema.

La expansión del comercio chino ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en un fenómeno económico de enormes proporciones. Grandes establecimientos brotan por toda la geografía nacional como la verdolaga: donde encuentran un resquicio, echan raíces. El consumidor, seducido por los precios bajos, aplaude. Es comprensible. Nadie desprecia una ganga. El problema comienza cuando ese precio es el fruto de prácticas que rozan el dumping, de subvaluaciones toleradas o de una indulgencia aduanera que convierte al empresario dominicano en un boxeador obligado a pelear con una mano atada a la espalda.

La competencia sana es deseable, no así la desleal que lleva al contrincante al suicidio. Cada negocio dominicano que baja la persiana representa empleos perdidos, impuestos que dejan de recaudarse, proveedores que desaparecen y familias que ven estrecharse sus oportunidades. El mayor empleador del país, el comercio nacional, enfrenta una presión creciente sin encontrar un Estado dispuesto a equilibrar la cancha.

Resulta difícil comprender tanta deferencia oficial. Se exige hasta el último documento al comerciante local, mientras muchos gigantes extranjeros parecen avanzar con un trato que raya en el privilegio. La igualdad ante la ley no puede convertirse en una excepción cuando se trata de proteger la producción y el empleo nacionales.

Defender al consumidor no consiste únicamente en garantizar precios bajos. También significa preservar un mercado donde las reglas sean iguales para todos.

Ningún comerciante chino —que yo sepa— firmó el Acta de Independencia. La obligación del Estado es velar por los dominicanos que aquí generan riqueza, pagan impuestos y sostienen el empleo.

TEMAS -

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.