Magín imagina
De la visión técnica a la decisión presidencial sobre la reforma fiscal
Escuchar a Magín Díaz hablar de disciplina fiscal, progresividad tributaria, focalización de las ayudas sociales, eliminación de subsidios regresivos y simplificación del sistema impositivo me resulta refrescante. Son convicciones que no descubrió al asumir el Ministerio de Hacienda y Economía y que comparto. Las ha defendido durante años, con la misma consistencia con que otros cambian de discurso según la coyuntura. Merece reconocimiento esa rara coherencia entre el economista y el funcionario.
Siempre podrá un ministro imaginar, pero tocará al presidente decidir. De poco sirve que Magín imagine un sistema tributario más justo, subsidios dirigidos solo a quienes los necesitan, exenciones revisadas y una regla fiscal más inteligente. Esas ideas deben cruzar el umbral del despacho presidencial e instalarse en el cerebro del mandatario. En democracia, las convicciones técnicas necesitan convertirse en voluntad política.
Seamos justos. No le pidamos a Magín que haga lo que no le corresponde. Pidámosle, sí, que convenza a Luis Abinader. ¿Tarea difícil?
Pocas veces un mandatario dominicano ha contado con un escenario tan favorable para impulsar reformas. Controla el Congreso, dispone de una sólida mayoría legislativa y gobierna sin la presión inmediata de otra campaña presidencial. Si existe un momento para hacer los cambios difíciles, es este.
Las reformas estructurales nunca llegan envueltas en aplausos. Siempre despiertan intereses contrariados. Pero gobernar consiste precisamente en convertir en posible lo que todos consideran necesario y nadie se atreve a ejecutar.
Magín imagina un país con mejores reglas económicas. Ahora falta saber si esas convicciones también habitan en el Palacio Nacional. Porque con el poder político que hoy concentra el oficialismo, casi todo lo que Magín imagina puede convertirse en ley. Si no ocurre, el obstáculo no habrá sido la técnica, sino la política.

Aníbal de Castro