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A Dios rogando y con el mazo dándonos

La nostalgia industrial de Trump desafía la realidad económica global

Cuidado con el espejismo moral. Que nadie crea que los aranceles de Donald Trump responden a una cruzada contra el trabajo forzoso o a una súbita preocupación por los derechos laborales. Si esa fuera la vara, habría que empezar por inspeccionar buena parte de los talleres clandestinos del propio continente. En nuestro caso,  por algunos rincones chinos, donde las condiciones de trabajo harían sonrojar a más de un inspector.  El argumento laboral es apenas el envoltorio del proteccionismo puro y duro.

Trump  libra una batalla pírrica contra la realidad. Su obsesión consiste en devolver a Estados Unidos un pasado industrial que ya no existe. Aspira a reconstruir la gran factoría del mundo como si bastara firmar decretos y elevar aranceles para borrar cuarenta años de globalización, automatización y cadenas de suministro distribuidas por el planeta. La historia económica tiene la  mala costumbre de no retroceder por decreto.

Estados Unidos seguirá siendo una potencia tecnológica, financiera y militar. Liderará la inteligencia artificial, los semiconductores, la biotecnología y la innovación. Lo que difícilmente volverá a ser es el gigantesco taller manufacturero del siglo XX. Ese tren partió hace décadas, no solo hacia China, sino también hacia Vietnam, India, México, Indonesia y otros países donde producir cuesta menos y las cadenas de valor ya están consolidadas.

Los aranceles elevan costos para consumidores y empresas, alteran el comercio mundial y obligan a países como la República Dominicana a navegar entre tempestades ajenas. Se venden como patriotismo económico, pero  terminan siendo un impuesto disfrazado que pagan los propios estadounidenses.

La nostalgia puede ganar elecciones. Lo que no suele ganar es la batalla contra la economía. Los mercados podrán doblarse por un tiempo, pero rara vez se dejan domesticar por la nostalgia.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.