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Todos nosotros

La República Dominicana no necesita una nueva aristocracia, aunque sea de origen humilde, ni culpables hereditarios

Pocas ideas resultan tan peligrosas en política como la división entre "nosotros" y "ellos". Es una fórmula rudimentaria, pero eficaz, porque sustituye el debate de propuestas por la fabricación de adversarios y convierte diferencias sociales, familiares o geográficas en fronteras morales.

Ahora se pretende presentar el origen como virtud suficiente. Haber nacido abajo otorgaría una especie de superioridad ética, mientras proceder de una familia acomodada constituiría una culpa que debe expiarse. Esa lectura es tan superficial como injusta. Nadie elige la casa en que nace y ninguna cuna garantiza sensibilidad social, honradez o capacidad para gobernar.

La política dominicana, entendida como lucha por el poder, ha sido históricamente más abierta de lo que a veces admitimos. Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez, Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina, Luis Abinader y otros dirigentes llegaron desde realidades muy distintas. Incluso cuando no conocieron personalmente la pobreza, sus padres o abuelos debieron abrirse camino. El ascenso de cada uno respondió a circunstancias históricas, talento, disciplina, alianzas y oportunidades.

La gran mancha fue el racismo desatado contra Peña Gómez. En aquel caso, el origen no se discutió como dato biográfico, sino que se convirtió en arma para negar pertenencia, dignidad y derecho al poder. Esa experiencia debería vacunarnos contra cualquier política basada en identidades irreconciliables.

Las desigualdades existen y deben combatirse. Pero una cosa es exigir oportunidades para todos y otra consagrar el resentimiento como programa. La justicia social no consiste en invertir los prejuicios, sino en desmontarlos.

La República Dominicana no necesita una nueva aristocracia, aunque sea de origen humilde, ni culpables hereditarios. Necesita dirigentes juzgados por sus ideas, conducta y resultados. No convirtamos la democracia en una disputa de ellos contra nosotros. Hagámosla, mejor, por todos nosotros. Y también por vosotros.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.