Haití y el Estado invisible
Haití, entre el abandono estatal y una crisis humanitaria que no cesa
El recio intelectual caribeño Aimé Césaire describió a Haití como el país "donde la negritud se puso de pie por primera vez y dijo que creía en su humanidad". Hoy, lo invade la tragedia. Su emancipación, leída desde el presente, resulta dolorosa por la distancia entre aquella conquista y su desamparo. La libertad fue conquistada, pero el Estado no aparece.
La realidad cruel recobra notoriedad por la desaparición de cuatro técnicos salvadoreños, el uso mediático del caso y el revuelo por la reacción del presidente Bukele. El envío de tropas de élite, al margen del contingente salvadoreño que participa en el Grupo de Supresión de Bandas, sugiere acciones punitivas.
No pretendemos minimizar el episodio, pero los haitianos llevan años sufriendo asesinatos, violaciones, secuestros, extorsión y la desaparición de todo rastro de ley. Lo que duele en El Salvador es ocurrencia cotidiana por años en Haití.
En los últimos tres meses, la violencia allende la frontera dejó 1,123 muertos y 440 heridos entre el 15 de julio y el 12 de octubre de 2026, según el informe más reciente de la ONU. En total, al menos 5,700 muertos o heridos entre el 1 de enero y el 11 de septiembre, además de más de 230 secuestrados y más de 1,000 mujeres y niñas violadas por las bandas.
Casi 1.5 millones de personas han sido desplazadas dentro del país, la mitad niños. La ONU estima que entre el 30 % y el 50 % de los integrantes de las bandas son menores. El desamparo alcanza a quienes quedan atrapados en la respuesta armada: más de la mitad de los muertos y heridos documentados este año se produjo durante operaciones de seguridad, con cientos de haitianos alcanzados por balas perdidas y drones explosivos.
Cuatro salvadoreños tienen quiénes los busquen. Los haitianos no tienen quién los ampare.

Aníbal de Castro