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Donde RD y Haití se hermanan

Ambos países recurren al nacionalismo para gestionar sus tensiones fronterizas

Haití y la República Dominicana coinciden en el uso que hacen de los temas que los unen y los separan. La frontera es uno de ellos, y conviene entenderlo. Nada tiene de reprochable el uso político de la política exterior: ya lo sentenció el célebre político estadounidense Tip O´Neill: toda política es local.

En efecto, la convocatoria del embajador dominicano a la cancillería haitiana no pasa de ser teatro. Haití tiene un gobierno pegado con saliva, incapaz de cumplir con los atributos esenciales del Estado moderno según la definición clásica de Max Weber: el control efectivo del territorio y el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Le faltan, además, otros igualmente importantes: una población permanente, un orden jurídico, una administración institucionalizada y la soberanía misma.

Allí impera la ley del más fuerte, como demostró la desaparición de cuatro aerotécnicos salvadoreños. La soberanía haitiana es una ficción que solo parece existir para el lado dominicano, a juzgar por la historia reciente de intervenciones humanitarias, aunque respaldadas con armas.

Aun así, el Gobierno se deja arrastrar por publicaciones en redes sobre una supuesta violación del territorio haitiano por soldados dominicanos y, para consumo de la parroquia nacionalista, cita al embajador Faruk Castillo a dar explicaciones. Tal violación no existe. Indocumentados haitianos, con años de residencia en tierras dominicanas pegadas a la frontera, fueron trasladados a su lado y, como correspondía, recibieron materiales y ayuda para levantar sus nuevas viviendas.

Otro tanto sucede de este lado con las capillas nacionalistas, ante cuyos altares las autoridades se inclinan con retórica de mano dura. No lo hacen por razones de peso, como la protección de la frontera por estrictas razones de seguridad, sino para acallar un vocerío inconsecuente. Tan cerca, en algo debemos parecernos.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.