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El cabildo: cuando la democracia empieza en el barrio (clase 18)

El cabildo como espacio vivo de soberanía popular

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El cabildo: cuando la democracia empieza en el barrio (clase 18)
Participar es la forma más directa de defender la democracia. (FUENTE EXTERNA)

La clase comenzó con una pregunta directa, casi provocadora: ¿quién decide lo que pasa en tu barrio? No fue una pregunta teórica. Fue una invitación a mirar el territorio, la calle, el parque, la acera rota, el drenaje que no funciona. Ahí, exactamente ahí, empieza la democracia municipal.

La Clase 18 estuvo dedicada a comprender qué es un cabildo, para qué sirve y por qué no es un trámite administrativo más, sino uno de los espacios más concretos de ejercicio de la soberanía popular. La Constitución no concibe la democracia como un acto distante que ocurre cada cuatro años; la concibe como un proceso cotidiano que se ejerce también desde lo local, desde el municipio, desde la comunidad organizada.

Explicamos que el cabildo es el espacio donde las personas pueden expresarse, deliberar, reclamar y proponer frente a sus autoridades locales. No es una cortesía del ayuntamiento; es una obligación institucional y un derecho ciudadano. Cuando el cabildo funciona, la política se humaniza. Cuando no funciona, la gente se siente excluida del Estado.

Leímos juntos los artículos 199, 201 y 202 de la Constitución, que establecen la organización y autonomía de los gobiernos locales. No como una lectura fría, sino como una conversación viva: ¿qué significa autonomía si la gente no participa?, ¿qué sentido tiene un ayuntamiento si no escucha?, ¿qué valor tiene la ley si no se traduce en soluciones concretas?

Luego escuchamos un audio preparado para la clase y detuvimos el ritmo para reflexionar. Las preguntas no buscaban respuestas "correctas", sino conciencia: ¿has participado alguna vez en un cabildo?, ¿sabes cuándo se convoca?, ¿sientes que tu voz cuenta? Las respuestas fueron honestas, y en esa honestidad apareció el aprendizaje.

La película "La ley de Herodes" nos sirvió como espejo crítico. No para caricaturizar la política local, sino para entender qué ocurre cuando el poder municipal se desconecta de la ciudadanía y de la ley. La risa inicial dio paso a una reflexión más profunda: sin controles, sin participación y sin ciudadanía activa, el poder se deforma.

El momento más potente llegó con la actividad grupal "El presupuesto de mi barrio". Allí la democracia dejó de ser un concepto y se volvió decisión: priorizar, debatir, escuchar al otro, ceder. Entendieron que gobernar —incluso a pequeña escala— implica responsabilidad y ética.

La clase cerró con un llamado claro: la democracia no se defiende solo votando, se defiende participando. El cabildo es una de esas puertas que la Constitución deja abiertas para que la gente entre al Estado, no para que el Estado se imponga sobre la gente.

Salí del aula con la convicción renovada de que enseñar Constitución desde el territorio no solo forma ciudadanos informados, sino ciudadanos conscientes de su poder. Y cuando eso ocurre, la democracia deja de ser un discurso y empieza a funcionar.

TEMAS -

Defensor del Pueblo de la República Dominicana.