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Un presidente como arquitecto del modelo de Estado

Cuando un proyecto se convierte en servicio esencial, el desafío ya no es ejecutarlo, sino ordenarlo para que funcione solo

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Un presidente como arquitecto del modelo de Estado
Gobernar es diseñar un Estado que trascienda más allá de los gobiernos. (FUENTE EXTERNA)

Gobernar no es únicamente administrar el día a día ni responder a la coyuntura. Gobernar, en su sentido más profundo, es diseñar un modelo de Estado capaz de sostenerse en el tiempo, más allá de los nombres, los cargos y los ciclos políticos.

En América Latina hemos confundido durante años la acción de gobierno con la acumulación de funciones, la concentración de decisiones y la improvisación institucional. Sin embargo, los Estados modernos funcionan de otra manera: separan responsabilidades, especializan funciones y crean sistemas que trascienden a los gobiernos.

Cuando un proyecto público crece y se convierte en un servicio esencial para la ciudadanía, deja de ser una iniciativa puntual y pasa a ser un sistema. En ese momento, el desafío del liderazgo no está en ejecutarlo todo, sino en ordenar su arquitectura institucional para que funcione con eficiencia, transparencia y continuidad.

Decisiones recientes en áreas estratégicas como el transporte masivo y la energía eléctrica responden precisamente a esa lógica. No se trata de simples cambios administrativos, sino de una visión más amplia sobre cómo debe organizarse el Estado para responder a las demandas de una sociedad cada vez más compleja. Separar funciones, clarificar roles y fortalecer la gobernanza pública no debilita al Estado: lo hace más robusto.

En un Estado moderno, el Presidente no actúa como un gerente que concentra todas las operaciones, sino como el arquitecto que diseña el marco dentro del cual las instituciones operan con reglas clarasresponsabilidades definidas y objetivos comunes. Esa es una forma más madura y eficaz de ejercer el poder.

La verdadera fortaleza de un gobierno no se mide únicamente por las obras que inaugura o las políticas que anuncia, sino por la solidez de las instituciones que deja en funcionamiento. Las obras se inauguran; los sistemas permanecen. Y es en esa permanencia donde se construye el verdadero legado de un liderazgo.

La República Dominicana vive hoy una etapa en la que el desafío principal no es solo crecer o ejecutar, sino consolidar un modelo de Estado capaz de garantizar servicios públicos eficientes, sostenibles y alineados con el interés general. En ese proceso, el rol del Presidente ha sido impulsar una arquitectura institucional que privilegia el orden, la especialización y la responsabilidad pública.

Cuando el poder se ejerce diseñando estructuras que funcionan más allá del presente, se está gobernando con visión de futuro. Ese es el tipo de liderazgo que fortalece a los Estados y genera confianza en la ciudadanía.

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