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¿Quién cuida a los que siempre pierden? (Clase 23)

En toda sociedad hay personas que parten desde atrás. No por falta de talento, sino por falta de condiciones



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¿Quién cuida a los que siempre pierden? (Clase 23)
En el aula quedó una certeza: cuando un joven comprende que la Constitución lo protege, cambia su postura corporal. (FUENTE EXTERNA)

En el Politécnico Profesora Rafaela Pérez comenzamos la clase con una pregunta que incomodó el silencio: ¿quién cuida a los que siempre pierden? No era una pregunta sentimental. Era una pregunta constitucional.

En toda sociedad hay personas que parten desde atrás. No por falta de talento, sino por falta de condiciones. No por ausencia de voluntad, sino por carencia de oportunidades estructurales. Algunos pierden antes de competir. Otros compiten con reglas desiguales. Y demasiados simplemente no son vistos.

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Leímos en voz alta el Artículo 39 de la Constitución: "Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley...". Detuvimos la lectura en esa palabra: iguales. (FUENTE EXTERNA)

 

Leímos en voz alta el Artículo 39 de la Constitución: "Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley...". Detuvimos la lectura en esa palabra: iguales. Y pregunté: ¿igualdad formal o igualdad real? La diferencia no es técnica; es ética y política. La igualdad formal declara; la igualdad real corrige. La primera reconoce derechos; la segunda crea condiciones para ejercerlos.

Cuando proyectamos fragmentos de El niño que domó el viento, la historia se volvió espejo. Un joven en un contexto de escasez, sin recursos ni privilegios, decide no aceptar la resignación como destino. Construye una solución donde otros solo veían límites. No era una lección cinematográfica. Era una lección constitucional: el talento no depende del entorno; la oportunidad sí.

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Uno de los estudiantes lo dijo con claridad contundente: "Profe, hay gente que pierde porque nadie le da la oportunidad de intentarlo". (FUENTE EXTERNA)

Uno de los estudiantes lo dijo con claridad contundente: "Profe, hay gente que pierde porque nadie le da la oportunidad de intentarlo". Esa frase resume uno de los mayores desafíos democráticos de América Latina. Según el Banco Mundial, la región mantiene bajos niveles de movilidad social: el origen socioeconómico sigue determinando, en gran medida, el destino. Nacer pobre incrementa la probabilidad de permanecer pobre. Eso no es fracaso individual; es déficit institucional.

Por eso la Constitución dominicana no se limita a proclamar libertades. En su Artículo 7 define al país como un Estado Social y Democrático de Derecho. "Social" no es una palabra decorativa. Significa que el Estado no puede ser neutral ante la desigualdad. Significa que debe intervenir para equilibrar las condiciones de partida. Significa que la igualdad no es un discurso, sino una obligación operativa.

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En la dinámica "Del Relato a la Constitución", los estudiantes conectaron historias reales de su entorno con artículos específicos del texto constitucional. (FUENTE EXTERNA)

En la dinámica "Del Relato a la Constitución", los estudiantes conectaron historias reales de su entorno con artículos específicos del texto constitucional. Descubrieron algo poderoso: que detrás de cada caso de exclusión existe un mandato jurídico que protege; que detrás de cada injusticia hay un deber estatal incumplido o pendiente.

La pregunta volvió al final: ¿quién cuida a los que siempre pierden? Los cuida la Constitución cuando se aplica. Los cuida la escuela cuando detecta talento donde otros ven carencia. Los cuida la comunidad cuando rompe el prejuicio.

Y los cuida el Estado cuando convierte derechos en políticas públicas medibles, presupuestadas y evaluables.

Un país que abandona a quienes parten desde atrás termina debilitando su cohesión social. Un país que invierte en igualdad de oportunidades fortalece su estabilidad democrática. Un país que entiende la igualdad como mandato institucional construye confianza.

En el aula quedó una certeza: cuando un joven comprende que la Constitución lo protege, cambia su postura corporal. Ya no habla desde la resignación; habla desde la conciencia de dignidad. Y esa transformación —silenciosa pero profunda— es el primer acto de ciudadanía.

La igualdad no es compasión. Es arquitectura democrática. Y cuando se enseña temprano, la democracia deja de ser promesa y comienza a ser experiencia compartida.

Esperanza.

 


Defensor del Pueblo de la República Dominicana.