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La fatiga democrática

Por qué la abstención electoral es el síntoma de un sistema agotado

Desde hace tiempo, nuestro sistema democrático muestra signos de debilitamiento y una preocupante pérdida de entusiasmo entre los votantes. Basta observar las elecciones de 2024: el 37.98 % de los ciudadanos registrados se abstuvo de votar; en el nivel presidencial, la abstención alcanzó el 46 %. En ciudades densamente pobladas como Santiago, superó el 52 %, mientras que en la provincia Duarte rondó el 46 %. Estas cifras no son simples datos estadísticos: son señales de alerta.

¿Por qué abordar este tema ahora, a más de dos años de las elecciones de 2028? Porque los problemas que se enfrentan a tiempo tienen mayores posibilidades de solución.

Desde 1978, los dominicanos hemos acudido a las urnas con la esperanza de construir un país mejor: con menos desigualdad, más oportunidades, mayor transparencia y menor corrupción. Sin embargo, con el paso de los años, esa expectativa se ha ido erosionando. Muchos de quienes hicieron largas filas para votar hoy sienten que sus aspiraciones no se han cumplido.

No se trata de apatía ni de desinterés por el país. Por el contrario, lo que predomina es un profundo desencanto con la conducta de buena parte de la clase política. Existe frustración ante dirigentes que parecen cada vez más distantes de la ciudadanía. Son, como algunos los llaman, los nuevos "ninis": ni escuchan ni resuelven.

Es justo reconocer que el presidente Luis Abinader ha hecho esfuerzos por mantener cercanía con la gente. Pero un gobierno no es solo su figura principal; es un conjunto de funcionarios llamados a servir, no a servirse. Gobernar implica trabajar en la solución de problemas concretos y en la construcción de políticas públicas sostenibles que mejoren la vida de la mayoría. No basta con hacer campañas: se necesitan programas permanentes y efectivos.

En este contexto, muchos ciudadanos empiezan a pensar que votar, por sí solo, no resuelve los problemas. Este fenómeno ha sido descrito por el ensayista belga David Van Reybrouck como "fatiga democrática". En su obra Against Elections: The Case for Democracy, plantea que uno de los principales problemas de las democracias contemporáneas es la excesiva dependencia de las elecciones como único mecanismo de representación.

Reybrouck identifica cuatro factores clave de esta fatiga: la creciente desconfianza en los políticos, la baja participación electoral, el debilitamiento de los partidos tradicionales y la sensación generalizada de que votar no cambia nada. En esencia, se trata de un cansancio ciudadano frente a sistemas políticos que parecen incapaces de representar eficazmente a la población.

Aunque el autor propone sustituir las elecciones por mecanismos de sorteo para ciertos cargos públicos, considero que la solución no radica en abandonar el voto, sino en fortalecerlo. Nuestro desafío es hacer el sistema más creíble, más transparente y más cercano a la gente.

Para ello, es fundamental avanzar hacia instituciones públicas más abiertas y responsables, capaces de rendir cuentas de manera efectiva. También resulta clave promover mecanismos de vigilancia ciudadana apoyados en plataformas tecnológicas que publiquen datos accesibles, permitiendo así un mayor control social.

En la República Dominicana existen iniciativas valiosas en esta dirección. La Federación Dominicana de Municipios (FEDOMU) impulsa la creación de ayuntamientos juveniles e infantiles para fomentar la participación desde edades tempranas. Asimismo, Participación Ciudadana ha desempeñado un papel importante en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática.

Estas y otras iniciativas demuestran que aún estamos a tiempo. Pero el reloj avanza. Si no enfrentamos la fatiga democrática hoy, mañana podría ser demasiado tarde. La democracia no se agota en el acto de votar; se construye día a día con instituciones sólidas, ciudadanos vigilantes y dirigentes comprometidos con el bien común.

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