Diferencia entre información y explicación
La comunicación pública como herramienta de prevención

La democracia tiene como uno de sus fundamentos la explicación a los ciudadanos de las medidas que las autoridades adoptan, para facilitar el mejor entendimiento de todos. Es un sistema explicativo lo que mejora la confianza de los ciudadanos en el gobierno y sus instituciones.
Nuestra Constitución ha sido objeto de reformas en varias ocasiones; las más recientes han tratado de fortalecer la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas del gobierno. No obstante, se tiende a creer que la rendición de cuentas se refiere únicamente a la inversión y uso de los recursos públicos.
Por ejemplo, en la pasada Semana Santa ocurrieron 203 accidentes de tránsito en los que fallecieron 22 personas, mientras que otras cinco murieron por inmersión. Según el informe del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), la mayoría de los accidentes involucraron motocicletas, que constituyeron la principal causa de muerte.
En el párrafo anterior encontramos información básica sobre los accidentes ocurridos en nuestras carreteras, pero no hay una explicación que complemente esos datos. La información es el dato que nos dice qué pasó y cómo está una situación.
La explicación va más allá: aclara por qué, cómo o para qué ocurre un hecho. La información entrega hechos; la explicación les da sentido.
Veamos:
Información: a partir de las dos de la madrugada del martes llovió durante varias horas, inundando las calles de Santo Domingo y otras ciudades del país.
Explicación: llovió durante varias horas debido a que una vaguada aumentó la humedad y favoreció la caída de 400 milímetros de agua; los imbornales y el sistema de drenaje de la ciudad estaban obstruidos por basura y desechos, lo que causó las inundaciones.
No basta con decir que hubo intensas lluvias; también hay que explicar. Sin esa explicación, muchas advertencias oficiales quedan flotando en el aire como simples anuncios que algunos oyen, pero no asumen.
La conciencia ciudadana no nace automáticamente de un boletín meteorológico. Se construye cuando el ciudadano entiende que su conducta tiene efectos sobre su propia seguridad y sobre la de los demás. Una población bien informada sabe que viene un fenómeno; una población bien explicada comprende que debe prepararse, prevenir y colaborar.
En países como el nuestro, expuestos cada año a tormentas y eventos extremos, la comunicación pública no debe limitarse a emitir alertas; debe también sembrar cultura. Esto significa hablarle a la población en un lenguaje claro, directo y convincente; hacerle entender que la previsión no es un capricho del Estado, sino una necesidad colectiva; y recordarle que la imprudencia individual puede convertirse en dolor social.
Por eso, junto a cada aviso temprano debe haber una explicación pedagógica. Junto al dato, la razón. Junto a la alerta, la enseñanza. Porque una ciudadanía que solo recibe información puede alarmarse, pero una ciudadanía que además recibe explicación comprende, actúa mejor y se vuelve más responsable.
Al final, no se trata solo de anunciar que viene la lluvia. Se trata de lograr que cada persona entienda que, frente a la fuerza de la naturaleza, la conciencia ciudadana también es una forma de protección.
En síntesis, una política de prevención eficaz no se limita a emitir boletines y alertas: también debe explicar, persuadir y educar. Solo así la información deja de ser un dato pasajero y se convierte en una herramienta de protección colectiva. Cuando la ciudadanía entiende por qué debe actuar con prudencia, la prevención gana fuerza real. Y en un país vulnerable a fenómenos naturales, esa diferencia entre informar y explicar se traduce en menos pérdidas, menos caos y, sobre todo, menos vidas truncadas.

Luis González Fabra
Luis González Fabra