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La consulta y el plan que reactivaron la polarización entre el Gobierno de Abinader y Danilo Medina

El costo político de los ajustes frena la presentación de un plan económico

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La consulta y el plan que reactivaron la polarización entre el Gobierno de Abinader y Danilo Medina
El reciente acercamiento entre el Gobierno del PRM y los líderes de la oposición ha reavivado una fuerte polarización, especialmente dirigida hacia Danilo Medina y el PLD. (FUENTE EXTERNA)

La consulta del Gobierno con la oposición activó una confrontación entre Danilo Medina y funcionarios oficialistas que no se replicó frente a Leonel Fernández, dejando al descubierto, una vez más, que la polarización entre el PRM y el PLD sigue intacta.

Lo que se produjo entre el Gobierno de Luis Abinader y Danilo Medina no fue una discusión cualquiera. Hubo intercambio de estrategias, pero también cálculo político. Danilo movió la conversación hacia el pasado, donde se siente más cómodo, mientras que desde el Gobierno se evitó quedar atado a un presente definido por un plan escrito en piedra, una decisión que, más que una omisión, parece responder a una lógica política.

El debate se ha ido por el lado equivocado. Se ha discutido si hay o no un plan, pero ese no es el punto. El punto es cómo el Gobierno conseguirá los recursos que necesita sin provocar una crispación social que termine complicándole lo que resta de este período y una probable continuidad en el poder, y al mismo tiempo sin darle a la oposición municiones suficientes para convertirlas en argumentos políticos demoledores en su contra.

Porque en política no basta con gobernar; también hay que administrar las consecuencias de cada decisión.

Un plan escrito fija posiciones, amarra, reduce margen. Y en un contexto como este puede volverse en contra. Por eso, no todo lo que parece indefinición lo es; a veces ocurre lo contrario: es una forma de proteger capacidad de maniobra en medio de la incertidumbre, sobre todo cuando el entorno económico internacional introduce variables que no siempre están bajo control.

La consulta y la forma en que se manejó reactivaron una polarización que muchos daban por anestesiada, pero que en realidad nunca entró al quirófano. Entre el PRM y el PLD hay una energía sísmica acumulada que este episodio volvió a encender, y eso explica por qué el tono subió con tanta rapidez.

La reacción frente a Danilo fue inmediata. El nivel de confrontación escaló, se activaron vocerías y se multiplicaron las respuestas, mientras que con Leonel Fernández no ocurrió lo mismo, a pesar de que sus conclusiones no eran sustancialmente distintas. Eso revela que no todos los actores activan las mismas tensiones ni provocan los mismos reflejos dentro del sistema político.

En este caso, aunque el presidente no entró directamente en el intercambio, el nivel de confrontación por parte de funcionarios del Gobierno fue mayor que el observado frente a Leonel. Eso deja ver con claridad dónde están las líneas de fricción más profundas y cómo ciertos liderazgos siguen teniendo la capacidad de activar respuestas más intensas que otros.

La conversación se desplazó entonces hacia un terreno conocido: la comparación de gestiones. Y cuando eso ocurre, la perspectiva cambia. La gente no evalúa modelos económicos en abstracto; evalúa lo que vivió, lo que siente hoy y lo que recuerda de ayer. Y en ese ejercicio, el pasado casi siempre sale mejor parado, no necesariamente porque haya sido mejor, sino porque se recuerda de otra manera.

Al final, más que un plan, lo que está en juego es la capacidad de imponer una lectura sobre cómo se manejó la economía antes y cómo se está manejando ahora. Y en ese terreno, la política no se gana con documentos: se juega en el territorio de la percepción.

Aquí el problema no es si hay o no hay plan. El verdadero problema es lo que implica presentarlo en este momento, cuando ni el Gobierno ni la oposición quieren asumir el costo político de los ajustes necesarios.

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