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Ruido, velocidad y desorden en el Malecón: una amenaza contra la convivencia ciudadana

Lo que debería ser un espacio de recreación, tranquilidad y convivencia familiar se ha convertido, en muchas noches, en un escenario de contaminación sónica, carreras temerarias y desorden público

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Ruido, velocidad y desorden en el Malecón: una amenaza contra la convivencia ciudadana
El exceso de ruido no solo afecta la tranquilidad de las personas; también constituye una forma de contaminación ambiental que impacta la salud mental, el descanso y la convivencia social. (ARCHIVO/DIARIO LIBRE)

Lo que debería ser un espacio de recreación, tranquilidad y convivencia familiar se ha convertido, en muchas noches, en un escenario de contaminación sónica, carreras temerarias y desorden público. El tramo del Malecón del Distrito Nacional comprendido entre la avenida Abraham Lincoln y el kilómetro 12 de la George Washington vive desde hace tiempo una situación que preocupa a residentes, visitantes y familias que acuden al lugar para compartir sanamente.

Cada tarde y especialmente durante las noches, grupos de jóvenes se congregan en distintos puntos del Malecón con vehículos modificados, música a niveles extremadamente altos y maniobras a gran velocidad que ponen en riesgo la seguridad de peatones y conductores. La situación resulta aún más alarmante debido a la aparente indiferencia de las autoridades encargadas del orden público y la seguridad vial.

Uno de los puntos más señalados por ciudadanos es el área ubicada frente a Universidad del Caribe y una estación de combustible contigua, donde frecuentemente se concentran vehículos con potentes equipos de sonido que alteran completamente la tranquilidad del entorno. Familias con niños, adultos mayores, deportistas y ciudadanos que simplemente buscan disfrutar de la brisa marina terminan expuestos a un ambiente caótico e insoportable.

La problemática adquiere mayor relevancia tras la reciente inauguración del Parque Marítimo del Malecón por parte del presidente Luis Abinader, una obra concebida para fortalecer los espacios públicos y fomentar la integración familiar y el disfrute ciudadano. Sin embargo, la falta de control sobre estas acciones amenaza con deteriorar la finalidad de este importante proyecto urbano.

El exceso de ruido no solo afecta la tranquilidad de las personas; también constituye una forma de contaminación ambiental que impacta la salud mental, el descanso y la convivencia social. A esto se suma el peligro que representan los vehículos desplazándose a velocidades imprudentes en una zona altamente transitada por peatones y ciclistas.

Muchos ciudadanos se preguntan dónde están las autoridades municipales, la Policía Nacional, la Digesett y el Ministerio de Medio Ambiente frente a una situación que ocurre prácticamente a diario y que es visible para todos. La permisividad termina enviando un mensaje peligroso: que el espacio público puede ser secuestrado por quienes irrespetan las normas y el derecho colectivo a la tranquilidad.

El Malecón de Santo Domingo no puede convertirse en una pista improvisada ni en una discoteca al aire libre impuesta por el ruido de unos pocos. Los espacios públicos deben protegerse para el disfrute de todos, especialmente de las familias y de quienes buscan un ambiente seguro y digno.

La recuperación del Malecón no depende únicamente de construir parques y embellecer áreas; también exige autoridad, regulación y voluntad para garantizar el respeto ciudadano. Porque una ciudad moderna no se mide solo por sus obras, sino por la capacidad de hacer cumplir las normas y preservar la convivencia social.


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