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Crónica del mar que abraza la ciudad

El paseo donde Santo Domingo olvida la prisa

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Crónica del mar que abraza la ciudad
El Malecón de Santo Domingo, espejo del alma dominicana. (FUENTE EXTERNA)

Hay lugares que no se caminan con los pies, sino con el alma.

El Malecón capitaleño es uno de esos genuinos ejemplos.

Imponente y espacioso, se abre como un paseo encantador donde Santo Domingo respira y olvida la prisa.

Eres una invitación que llama sin palabras.

Una voz de sal que dice: ven, y deja que el abrazo efusivo con las olas del Caribe te recuerde que estás vivo.

Mar fascinante, el tuyo no golpea: acaricia, insiste, seduce.

Rompe contra los arrecifes y se transforma en rocío, en esa humedad de tu incesante oleaje refrescante que moja el rostro y enciende la memoria.

Tu arboleda envidiable dibuja túneles de sombra sobre el asfalto.

Bajo cada cocotero hay una historia, una risa, una despedida que no se fue del todo.

Y es que eres espacio para el romance de corazones apasionados.

Allí se juran eternidades en voz baja, se perdonan silencios y el amor aprende a caminar al ritmo de la marea.

Eres belleza inconmensurable de una media isla seductora.

Maravilla de un terruño de hombres y mujeres privilegiados por una naturaleza pródiga con mar abierto, cielo sin prisa, gente que sabe quedarse.

Cuánto disfruto de tus encantos, frescor y belleza, auténtico regalo del Divino Creador que fascina al visitante.

Al dominicano lo vuelves niño y al extranjero, lo conviertes en testigo.

Y es que, en ti Malecón imponente, la Primada de América se abraza con su historia y heroísmo.

Eres costura entre el ayer de calles empedradas y el hoy de luminarias encantadoras.

Viva manifestación de una realidad hermosa en una media isla caribeña de pasiones que encantan y enloquecen, donde cada ola trae un susurro de los que caminaron antes y deja una promesa para los que vendrán.

Caminarte es entender que Santo Domingo no termina en imponentes moles de concreto armado y alborotadas calles de ardiente asfalto, saturadas por vehículos bulliciosos: finaliza donde el mar decide que empieza el infinito.

TEMAS -

Sociólogo y comunicador dominicano.