Preautorización aérea: una oportunidad estratégica que merece renegociarse
La modernización de los aeropuertos es esencial para el crecimiento económico y la atracción de inversiones en el país

La República Dominicana no debería abandonar la oportunidad de contar con un sistema de preautorización aérea con los Estados Unidos. Al contrario, debe retomarla con visión estratégica, sentido de Estado y una mirada moderna sobre el papel que juegan hoy los aeropuertos en el desarrollo económico.
La preautorización aérea es mucho más que un trámite migratorio anticipado. Es una herramienta de aviación civil, seguridad aeroportuaria, eficiencia operativa y facilitación del transporte aéreo. Bien estructurada, puede convertir al país en un punto de salida más competitivo hacia los Estados Unidos, permitiendo que los pasajeros procesados localmente lleguen a territorio estadounidense con una experiencia más ágil, segura y ordenada.
Para la República Dominicana, esto tiene un enorme valor. La economía depende de la conectividad, del turismo, de la inversión extranjera, de la movilidad de personas, del comercio y de la confianza internacional. Un acuerdo de esta naturaleza fortalecería la posición del país como plataforma regional.
La discusión no debería limitarse a si conviene o no la preautorización, esto conviene a corto y largo plazo. El verdadero debate es cómo renegociar el acuerdo correctamente para que responda al interés nacional y se concentre en su finalidad natural: transporte aéreo, seguridad, inspección previa, coordinación institucional y facilitación de pasajeros.
Oportunidad estratégica para la República Dominicana
En ese contexto, se debe procurar un texto limpio, moderno y funcional. Y ahí corresponde una precisión necesaria: el anexo sobre refugiados tiene que eliminarse. Esa materia se sale del objeto y naturaleza de un acuerdo de preautorización aérea. El país tiene obligaciones internacionales y un marco propio en materia de refugio, pero no hay razón para insertar ese debate dentro de un instrumento aeroportuario. La protección internacional debe seguir su propio cauce; la aviación civil, también.
Superado ese punto, la mirada vuelve a lo esencial: la oportunidad estratégica. La preautorización puede elevar el perfil aeroportuario del país, mejorar la experiencia del pasajero, reducir fricciones operativas, atraer nuevas rutas, fortalecer la seguridad y proyectar a la República Dominicana como un destino más confiable, eficiente y competitivo.
Mi reciente participación en WALA XVI, la 16.ª Conferencia Anual de la Worldwide Airport Law Association, reafirmó una idea central: los aeropuertos modernos ya no son simples terminales de entrada y salida de pasajeros. Son plataformas de desarrollo.
Un aeropuerto competitivo no solo recibe más vuelos. Genera empleos de mayor valor, eleva la mano de obra local, atrae servicios especializados, fortalece cadenas de suministro y posiciona al país en mercados regionales e internacionales. En esa visión, la infraestructura aeroportuaria deja de ser únicamente turística para convertirse en una herramienta de transformación económica.
Preautorización aérea, sí. Cooperación con Estados Unidos, sí. Seguridad, conectividad y competitividad, también. La oportunidad sigue y está vigente.

Mariel Vílchez Bournigal