El presidente que RD necesita en 2028
Gobernar como servicio y no como botín político

República Dominicana llega a 2028 con una oportunidad histórica y una advertencia simultánea: el Banco Mundial ya la clasifica como economía de ingreso medio-alto, pero el salto hacia el estatus de altos ingresos —ese umbral que hoy ronda los 14,000 dólares de PNB per cápita— no se hereda ni se improvisa. Se construye con liderazgo. Y el liderazgo que el país necesita no es el que hemos favorecido durante décadas de clientelismo político , populismo fiscal y parches superficiales, que nunca bajan a la realidad de las paupérrimas comunidades, barrios y bateyes.
Diez atributos innegociables:
El próximo jefe de Estado debe llegar con 1) formación técnica sólida en economía o gestión pública y no improvisación aprendida en el cargo. Necesita 2) trayectoria verificable de gestión eficiente, con resultados medibles, no promesas de campaña. Debe tener 3) capacidad de negociación internacional para atraer inversión de calidad, no capital golondrina. Le urge 4) visión de Estado, no de partido, capaz de sostener políticas más allá de un cuatrienio. Requiere 5) dominio de institucionalidad y separación de poderes real, no ficticia. Necesita 6) capacidad analítica de datos para gobernar con evidencias, no con encuestas de bolsillo. Debe poseer 7) disciplina presupuestaria verificable. Le hace falta 8) inteligencia emocional y capacidad de diálogo social genuino con sindicatos, empresarios y sociedad civil. Requiere 9) comprensión geopolítica del Caribe y su relación con Haití, Estados Unidos, Europa y China. Y, sobre todo, 10) un historial limpio, sin sombras de corrupción ni pactos de impunidad heredados.
Diez actitudes que marcan la diferencia:
Ningún currículum sustituye la actitud. El país necesita un presidente con 1) tolerancia cero real hacia la corrupción, no discursiva. Con 2) humildad para rodearse de los mejores, no de los más leales. Con 3) coraje político para enfrentar intereses creados, incluidos los de su propio partido. Con 4) transparencia radical en el manejo de fondos públicos. Con 5) apertura a la crítica y a la prensa independiente. Con 6) sentido de urgencia, porque la ventana demográfica dominicana se cierra. Con 7) pragmatismo sin populismo, capaz de decir verdades incómodas. Con 8) empatía territorial real con las provincias históricamente postergadas como La Altagracia y las fronterizas. Con 9) constancia institucional, sosteniendo reformas más allá del ciclo electoral. Y con 10) vocación de servicio genuina, no de enriquecimiento personal disfrazado de vocación pública.
El punto de no retorno:
El diagnóstico es conocido hasta el cansancio: déficit de infraestructura sanitaria pública, brechas educativas que perpetúan la desigualdad, un sistema político capturado por el clientelismo y territorios enteros —productivos, turisticos y estratégicos— administrados desde el gobierno como si el desarrollo fuera un favor y no un derecho. La clasificación de alto ingreso no llegará por inercia. Llegará si, y solo si, el próximo presidente entiende que gobernar es administrar el futuro de once millones de personas, no un botín de cuatro años.
El 2028 no es una elección más. Es la última oportunidad de esta generación para decidir si República Dominicana se convierte en referente regional de desarrollo o si repite, una vez más, el ciclo de promesas incumplidas que ha condenado a demasiados paises a la espera perpetua.

Paul Beswick
Paul Beswick