Ocoa, jardín de vegetales, no del narcotráfico
Agricultores contra la sombra del crimen

San José de Ocoa nunca ha sido, ni será, un jardín del narcotráfico. La tradición de trabajo esforzado y la extraordinaria capacidad productiva de sus agricultores, unidas a la conciencia cívica de su gente, constituyen un valladar frente a quienes pretendan empañar el nombre de una provincia que, durante generaciones, ha hecho del trabajo honesto su mayor patrimonio.
En los 358.4 kilómetros cuadrados de superficie agropecuaria —equivalentes a unas 570,000 tareas dedicadas a cultivos y pastos, según las informaciones divulgadas recientemente— fueron descubiertas cerca de veinte mil plantas de un cultivo ilegal, sembradas por personas que aún no han sido identificadas por las autoridades.
El hallazgo debe investigarse hasta sus últimas consecuencias. Los responsables tienen que ser apresados, sometidos a la justicia y sancionados con todo el rigor de la ley. En eso no puede haber vacilaciones. Pero una cosa es perseguir un delito y otra, muy distinta, condenar moralmente a todo un pueblo por las acciones de unos cuantos delincuentes.
Si aplicáramos esa lógica, tendríamos que concluir que las provincias donde se registra el mayor número de homicidios son "jardines del crimen". Sin embargo, nadie en su sano juicio haría semejante afirmación. Del mismo modo, porque uno de los doce apóstoles de Jesús terminó siendo ladrón y traidor, nadie ha calificado a todo el grupo de delincuentes. Los actos individuales no definen la esencia de una comunidad.
La verdadera identidad de Ocoa está escrita en sus montañas cultivadas, en sus invernaderos, en sus cafetales, en sus sembradíos de aguacate y en las miles de tareas dedicadas a producir tomates, ajíes, cebollas, repollos, zanahorias, papas, fresas y una amplia variedad de frutas y vegetales que diariamente abastecen los mercados dominicanos.
No es casualidad que, de los aproximadamente cinco millones de metros cuadrados de invernaderos existentes en el país, alrededor de tres millones estén ubicados en Sabana Larga y Rancho Arriba. Desde allí sale una parte importante de los vegetales de alta calidad que consumen los dominicanos y que también llegan a mercados internacionales. Esa realidad no es producto del azar, sino del sacrificio de hombres y mujeres que trabajan de sol a sol, enfrentando el frío de la montaña, las plagas, la escasez de agua, el aumento de los costos de producción y, muchas veces, la insuficiente atención del Estado.
A esa vocación agrícola se suma el esfuerzo por desarrollar un ecoturismo responsable, aprovechando la belleza de sus montañas, ríos y bosques. Ocoa también promueve su riqueza cultural mediante actividades como el Festival de los Cerezos y el Festival del Sombrero y las Maracas Ocoeñas, celebraciones que atraen a miles de visitantes y fortalecen la identidad de una provincia orgullosa de sus raíces.
Quienes conocemos a Ocoa sabemos que allí abundan más los agricultores que los delincuentes; más las manos curtidas por el trabajo que las manos manchadas por el crimen. Es una tierra donde la inmensa mayoría de sus habitantes se levanta antes del amanecer para producir alimentos, educar a sus hijos y contribuir, silenciosamente, al desarrollo nacional.
El narcotráfico no tiene patria ni provincia. Busca esconderse donde encuentre oportunidades y utiliza territorios sin pedir permiso a sus habitantes. La respuesta no consiste en estigmatizar comunidades laboriosas, sino en fortalecer la inteligencia, la investigación y la capacidad operativa de los organismos de seguridad para impedir que esas organizaciones criminales echen raíces.
San José de Ocoa merece ser conocida por lo que verdaderamente es: una tierra fértil, laboriosa y profundamente digna. Allí no florecen la violencia ni el crimen como expresión de su cultura; florecen el café, las hortalizas, los aguacates, las flores y los valores que han distinguido a varias generaciones de ocoeños.
Porque la reputación de un pueblo no la escriben unos cuantos delincuentes ocultos entre los montes. La escriben, cada amanecer, miles de agricultores que, con sus manos llenas de tierra, alimentan a toda una nación. Esa ha sido siempre, y seguirá siendo, la verdadera cosecha de San José de Ocoa.

Luis González Fabra
Luis González Fabra