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Redes Sociales

¿Cómo deberían aprender nuestros hijos en la actualidad?

La escuela ya no puede limitarse a transmitir conocimientos; debe desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales que preparen a los estudiantes para el futuro.

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¿Cómo deberían aprender nuestros hijos en la actualidad?
Tecnología y bienestar digital en las aulas (FUENTE EXTERNA)

La educación moderna requiere de mucho más que un sistema de aprendizaje heredado de la época de la industrialización. En aquel entonces, el objetivo principal era preparar al estudiante para el trabajo en fábricas; las escuelas eran espacios donde el maestro transmitía conocimiento mediante ejercicios repetitivos y los estudiantes escuchaban y memorizaban de forma pasiva. Hoy, debemos priorizar las habilidades fundamentales que una persona necesita para adquirir conocimiento, comprender información y desarrollar nuevas capacidades de manera eficaz para poder aprender.

El aula moderna: de la pasividad a la acción

El profesor moderno debe tener la capacidad de apreciar la forma en que cada uno de sus estudiantes logra aprender y estructurar su planificación basándose en esta observación.

Debe implementar un sistema de aprendizaje activo y colaborativo, donde el porcentaje de conocimiento logrado sea realmente retenido y no se quede en una experiencia superficial.

A la necesidad de personalización en el aprendizaje se suman tendencias fundamentales como la Neuroeducación. Esta disciplina estudia cómo funciona el cerebro con el fin de mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Gracias a ella, hoy sabemos que el cerebro necesita motivación y emociones positivas para aprender, ejercitando la toma de decisiones y la creación de ideas originales.

La tecnología y las habilidades cognitivas

El ritmo de la vida actual, donde las redes sociales han transformado el mundo y la tecnología avanza sin descanso, exige que los estudiantes evolucionen y se actualicen. Es una realidad que no podemos negar. Hoy en día, la alfabetización digital trasciende el uso de dispositivos; implica desarrollar pensamiento computacional y aprender a convivir ética y moralmente de forma productiva con herramientas como la Inteligencia Artificial, manteniendo siempre un sano bienestar digital.

Sin embargo, en medio de tanta tecnología, las habilidades cognitivas y emocionales son las más apreciadas en los trabajos más retadores de la sociedad moderna. Destacan las destrezas intrapersonales, que permiten al individuo autogestionarse, reconocer sus fortalezas y debilidades, controlar sus emociones y frustraciones, e identificar sus valores. Estas personas son capaces de asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje y buscan crecer continuamente. De igual valor son las habilidades interpersonales, esenciales para relacionarse, trabajar en equipo y ser hábiles en la resolución de conflictos.

A nuestras aulas llegan estudiantes con muchas necesidades, pero también llegan niños que podríamos visualizar como futuros adultos que cambiarán el mundo para bien. Ante la gran oportunidad de tenerlos durante todo un año escolar, cabe preguntarse: ¿Cómo ejercerán el proceso de enseñanza-aprendizaje de tal forma que logren cambiar sus vidas positivamente?

El rol de los padres: una visión a 20 años

Esta reflexión sobre el impacto en las aulas me lleva a hacerles a los padres la misma pregunta. Cada hijo que viene a llenar nuestros hogares es diferente. Al igual que los maestros, los padres debemos ser capaces de observar esas diferencias y brindar apoyo en base a ellas.

¿Cómo visualizas a tu hijo de aquí a 20 años? ¿Te lo has imaginado? Es una pregunta que llama a la reflexión profunda. ¿Cuáles son las habilidades que tu hijo necesitará para desenvolverse en un mundo tan cambiante? Si te lo imaginas íntegro, feliz, crítico y empático, empieza a trabajar para ello desde hoy.

En este importante ejercicio de visualizar a nuestros hijos en el futuro, debemos preguntarnos si hoy les estamos dando el apoyo necesario para que crean en sí mismos; si les estamos enseñando a ponerse en los zapatos de otros; y si los estamos guiando para que sean capaces de manejarse en momentos turbulentos. Más importante aún: ¿los valores que practicamos en casa son los mismos que queremos que ellos posean en su vida adulta?

Mi experiencia de tantos años en el sector educativo me ha demostrado que, en la gran mayoría de las ocasiones, los mejores estudiantes van por la vida acompañados de padres dedicados y entregados a tan encomendado rol.

Nuestra sociedad y el mundo necesitan, hoy más que nunca, aclarar la nebulosa que nos rodea, la cual suele ser más densa en algunos hogares que en otros. Formar ciudadanos íntegros que encuentren propósitos para contribuir positivamente en la sociedad es un trabajo de equipo que debe empezar desde el día uno. Al final, nuestro éxito no se medirá por cuántos trabajadores en serie logramos formar, como en las fábricas del pasado, sino por cuántas mentes libres, empáticas y capaces de transformar el mundo ayudamos a construir.

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