Más allá de las victorias: ¡un PRM unido!
Mi gratitud ocho años después

Pocas responsabilidades me han honrado más que la de haber conducido al Partido Revolucionario Moderno por 8 años. ¡Cuanta satisfacción encuentro al entregar junto a toda nuestra dirigencia una institución más fuerte, más unida y más preparada para encarar los retos del futuro! Como bien decía José Francisco Peña Gómez, "Solo el trabajo vence." Esa convicción ha guiado la etapa que concluimos.
Estas líneas no procuran una despedida del partido. Es, simplemente, el cierre de un ciclo de inmensa satisfacción y que me lleva a expresar gratitud. Termino mi aporte desde este espacio con la serenidad de haber dado todo cuanto estuvo a mi alcance, con la conciencia de haber servido apegado a los principios que dieron origen a este partido.
Cuando acepté el reto de presidir el PRM -cargado de dudas por la juventud que me asistía (tenía 36 años de edad), sabía que recibía en sí mucho más que un partido. Recibía una historia de sacrificios, de luchas democráticas, de esperanzas acumuladas, de dominicanos que, en los momentos más difíciles de la República, decidieron colocar los principios por encima de las conveniencias. Heredaba el esfuerzo de quienes hicieron posible el nacimiento de esta iniciativa democrática como instrumento para renovar los sueños de nuestro país.
Legado del PRM
El PRM es la hechura, el diseño político de miles de dirigentes, de nuestros fundadores, de mujeres y jóvenes, de compañeros como Heráclito de Pedernales o de Carmelo Polanco en Altamira, ciudadanos a los que nunca les ha asistido la necesidad del reconocimiento personal. Ellos son la verdadera fuerza del partido. Son el génesis de nuestra organización, ahí reside el partido, ahí vive, vive en ellos, vive en el corazón de hombres como Orlando Jorge Mera.
Nos correspondió dirigir una organización en uno de los períodos más intensos, difíciles y desafiantes de nuestra historia reciente. Competimos en procesos electorales complejos y desiguales, con elecciones suspendidas y conjuras fantásticas. Vivimos una pandemia que paralizó al mundo entero. Enfrentamos enormes desafíos económicos y sociales. En medio de un contexto controversial, y a veces convulso, en el gobierno hemos tenido que asumir la escucha como virtud permanente.
Sin embargo, la fuerza del trabajo en el 2024, la entrega de cada militante, nos posibilitó recibir nuevamente la confianza mayoritaria del pueblo. Alcanzamos el triunfo, entonces el más importante de la historia electoral moderna de República Dominicana. Ganamos el 80% de los ayuntamientos, 3/4 partes de las cámaras legislativas y reelegimos a nuestro presidente Luis Abinader con más apoyo que el obtenido en las elecciones previas.
Nada de eso habría sido posible sin unidad.
Si tuviera que resumir en una sola palabra estos ocho años, la palabra precisa sería: unidad. Porque la unidad no consiste en pensar igual. Consiste en entender que el proyecto colectivo siempre vale más que cualquier aspiración individual.
Tuvimos diferencias. Sería ingenuo negarlo. En un partido amplio, democrático y vivo, las diferencias son inevitables. Lo importante nunca fue evitarlas; lo importante fue administrarlas con respeto y con la convicción de que ningún liderazgo puede construirse sobre la división de los demás.
Creo profundamente que uno de los mayores activos que hoy entregamos es precisamente un partido unido. Un partido que ha sabido renovarse sin fracturarse. Un partido donde las nuevas generaciones encuentran espacio para crecer. Un partido que ha demostrado que es posible competir con firmeza y convivir con respeto.
Durante estos años fortalecimos nuestras estructuras territoriales, modernizamos mecanismos organizativos, ampliamos nuestra presencia nacional, consolidamos nuestra institucionalidad y fijamos nuestra marca distintiva.
Desafíos futuros
Pero nuestros mayores logros nunca pueden medirse únicamente así, ni tan siquiera fijados en el resultado de las urnas.
El mayor logro de esta dirección es haber preservado la confianza entre nosotros. Porque la confianza es el verdadero patrimonio de cualquier organización. Y esa confianza hay que cuidarla todos los días y a cualquier costo.
Recordemos también que los cargos nunca pertenecen a las personas. Las personas pertenecemos, temporalmente, a los cargos. La política se degrada cuando confundimos la responsabilidad con el privilegio. Las instituciones crecen cuando nadie se considera indispensable.
Por eso pasamos esta responsabilidad a otros con absoluta serenidad.
Sin nostalgia.
Sin amargura.
Y, sobre todo, sin miedo al futuro.
Porque los partidos que confían en sus instituciones permanecen.
Nuestra democracia necesita partidos fuertes.
Necesita organizaciones capaces de debatir sin destruirse.
Necesita una política donde el adversario nunca deje de ser un aliado o compatriota.
Vivimos tiempos distintos. La inteligencia artificial, la economía digital, los cambios tecnológicos, las nuevas demandas sociales, la transformación económica y las profundas tensiones geopolíticas obligan a repensar permanentemente el papel de los partidos políticos.
No basta con ganar elecciones. Hay que preparar al país para el futuro. Hay que abrir más espacios. Y hay que recordar siempre que el poder solo tiene sentido cuando mejora la vida de las personas.
Sé que encontraremos desafíos venideros.
Encontraremos críticas y momentos difíciles, pero cuidemos nuestra unidad.
Protejamos la institucionalidad. Escuchemos sobre todo a quienes piensan distinto. Y recordemos siempre que ningún triunfo electoral justifica perder la decencia.
A toda la militancia del PRM quiero darle las gracias infinitas, de todo corazón. Gracias a quienes tocaron puertas y vencieron el sol y la lluvia, la adversidad. Gracias a quienes defendieron nuestras causas cuando hacerlo era difícil. Gracias a quienes sacrificaron tiempo con sus familias para servir a una causa común.
A mis compañeros de la Dirección Ejecutiva, de los organismos nacionales y territoriales, gracias por la confianza, por los consejos, por las críticas constructivas y sinceras.
Al final, ningún partido existe para sí mismo. Los partidos existen para servir a la nación.
Como nos recordó siempre el grande de la Loma del Flaco: "Primero la gente." Esa ha sido siempre la razón de ser de nuestro proyecto colectivo y debe seguir siendo la inspiración que oriente cada una de nuestras decisiones.
Demos apertura a un nuevo capítulo partidario con el mismo entusiasmo con el que iniciamos este. Convencidos de que lo mejor para la República Dominicana aún está por construirse.
En el caso mío personal, seguiré sirviendo desde donde mi partido me necesite, hoy, mañana y siempre.
Recordemos las palabras del ingeniero Ramón Alburquerque, "la fortaleza de un partido no está en los cargos que ocupan sus dirigentes, sino en la libertad de sus militantes para defender los principios que le dieron origen".
Ha sido un inmenso honor.
¡Que viva el PRM!

José Ignacio Paliza