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China en la República Dominicana y Latinoamérica

Expansión comercial, influencia regional e impacto económico y social

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China en la República Dominicana y Latinoamérica
De la apertura de 1978 a la conquista del comercio en América Latina. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)

Es un hecho conocido que los negocios de capital chino han crecido de forma acelerada en los últimos años en la República Dominicana. En las principales provincias del país existe hoy uno o varios establecimientos de gran extensión, con una amplia variedad de productos a precios competitivos, al punto de dejar atrás a buena parte de la competencia local.

Este fenómeno ha generado, como es lógico, malestar entre los comerciantes dominicanos, lo que se ha traducido en investigaciones sobre el pago de impuestos y los permisos de operación de estos negocios, aunque estos operan dentro de un sistema de libre competencia permitido por la ley. Todo ello obliga a analizar el origen de la expansión de este gigante asiático, un crecimiento que incluso ha llevado a Estados Unidos a "vigilar" con mayor atención la cooperación y las relaciones diplomáticas de China en esta parte del mundo.

La economía china ha crecido de manera vertiginosa desde 1978. A partir de esa fecha, cuando Beijing lanzó su estrategia de "reforma y apertura", el país se convirtió en la segunda economía más grande del mundo, en el principal exportador global y en un inversionista de singular relevancia para gran parte de los países de América Latina, África, Europa y Asia.

Para alimentar su motor exportador, China importa enormes cantidades de materias primas y productos semi-terminados de todo el mundo. De ahí la necesidad creciente de obtener de América Latina insumos básicos —minerales, alimentos y energía— y, al mismo tiempo, colocar sus manufacturas entre los consumidores de la región, incrementando así el comercio y los negocios bilaterales.

Este crecimiento chino se dio en el tiempo y por etapas. La expansión, en un principio, se concentró en los países vecinos de Asia; hoy, en cambio, sus efectos alcanzan al mundo entero, incluida la pequeña pero estratégica República Dominicana.

Origen de la expansión económica china: de la apertura de 1978 al presente

El crecimiento sin precedentes derivado de la política de apertura constituye un hecho extraordinario si se observa en perspectiva desde hace casi cinco décadas. Hoy China solo está por detrás de Estados Unidos en tamaño de su economía. Durante buena parte de ese período, el producto interno bruto (PIB) real chino creció a un ritmo cercano al 10 % anual, lo que implica que la economía se duplicó cada siete u ocho años; como consecuencia, el ingreso nacional se multiplicó por dieciséis, un incremento sin precedentes entre las grandes economías del mundo en el lapso de una sola generación.

El hecho de que estos avances hayan alcanzado a una quinta parte de la población mundial revela la magnitud de este proceso: varios cientos de millones de personas dejaron atrás la pobreza y mejoraron sus condiciones de vida en un período relativamente corto.

La apertura de China se tradujo en vínculos cada vez más estrechos con el resto del mundo, tal como lo evidencia su creciente presencia en nuestro país —visible en las principales provincias dominicanas— y en otras naciones vecinas, lo que ha determinado mayores flujos de bienes, servicios y capitales.

La participación de China en el comercio mundial se ha multiplicado por diez en las últimas tres décadas, hasta ubicarse alrededor del 9 %, mientras que su porcentaje del PIB mundial ha subido de menos del 3 % a cerca del 13 %, ajustado según la paridad del poder adquisitivo.

China origina hoy casi una décima parte de la demanda mundial de materias primas y más de una décima parte de las exportaciones mundiales de bienes manufacturados de tecnología media y avanzada. Se ha transformado en un gran exportador de productos electrónicos e informáticos, y es el principal proveedor mundial de productos electrónicos de consumo, como los teléfonos móviles.

Los flujos de comercio y capital entre China y el resto del mundo afectan al crecimiento de otros países a través de varios canales. La evidencia disponible indica que, tanto a corto como a mediano y largo plazo, la expansión china incide sobre el desempeño económico de sus socios comerciales, entre ellos los países latinoamericanos.

China en cifras: evolución del PIB frente a Estados Unidos (2016-2025)

Pese a su ritmo de expansión, China continúa siendo la segunda economía del mundo en términos nominales, por detrás de Estados Unidos. El siguiente cuadro compara la evolución del Producto Interno Bruto de ambas potencias durante la última década, con cifras en miles de millones de dólares corrientes según datos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Como se observa, la brecha nominal entre ambas economías se ha mantenido e incluso se ha ampliado en dólares corrientes en los últimos años, en parte por la fortaleza del dólar y la desaceleración china tras la pandemia. Sin embargo, medido en paridad de poder adquisitivo (PPA) —el criterio que usan la mayoría de los economistas para comparar el tamaño real de las economías—, China superó a Estados Unidos como la mayor economía del mundo desde mediados de la pasada década, gracias a su enorme volumen de producción industrial y a su población, más de cuatro veces superior a la estadounidense.

El comercio de China con América Latina y el Caribe

El intercambio comercial entre China y América Latina y el Caribe (ALC) ha experimentado un crecimiento explosivo en lo que va de siglo. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el comercio bilateral apenas superaba los 14,000 millones de dólares en el año 2000; dos décadas más tarde esa cifra se multiplicó por 35, hasta rozar los 500,000 millones de dólares.

China es hoy el segundo socio comercial de América Latina en su conjunto —solo detrás de Estados Unidos— y el principal socio de Sudamérica, superando a la Unión Europea. Brasil, México, Chile, Perú y Colombia concentran más del 89 % de las exportaciones regionales hacia el gigante asiático, impulsadas por productos como soja, cobre, hierro, petróleo, litio, carne bovina y frutas. En el Caribe, la República Dominicana se ha consolidado como el principal socio comercial de China desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países el 1 de mayo de 2018.

República Dominicana y China: una relación comercial en expansión (2016-2026)

El comercio entre República Dominicana y China ha crecido de forma sostenida en la última década, aunque de manera profundamente desequilibrada: mientras las importaciones dominicanas desde China se han más que duplicado, las exportaciones dominicanas hacia ese mercado siguen siendo modestas, lo que ha generado un déficit comercial creciente.

Los principales productos que República Dominicana vende a China son minerales de cobre y sus concentrados, ferroníquel, tabaco sin desvenar, instrumentos y aparatos de medicina, y minerales de zinc. Desde China, el país recibe sobre todo maquinaria, teléfonos inteligentes, vehículos, materiales de construcción y una amplia variedad de manufacturas de consumo masivo.

Para dimensionar esta relación, resulta útil compararla con el intercambio comercial que República Dominicana mantiene con Estados Unidos, su socio comercial histórico y principal:

El contraste es evidente: Estados Unidos sigue siendo, por mucho, el socio comercial más equilibrado y de mayor volumen total para República Dominicana, en buena medida gracias al régimen de zonas francas y al tratado DR-CAFTA. Con China, en cambio, la relación se asemeja más a la de un mercado receptor de manufacturas que a un socio exportador, lo que explica el creciente déficit.

Los "megamercados" chinos en las provincias dominicanas

La presencia comercial china en el territorio dominicano ya no se limita a los pequeñas colmadones, joyerías o "pica pollos" de antaño. Hoy se trata, en su mayoría, de grandes superficies —algunas de más de 20,000 metros cuadrados— que concentran bajo un mismo techo ferretería, electrodomésticos, mobiliario, ropa, juguetes y tecnología, compitiendo simultáneamente con múltiples comercios dominicanos especializados.

De acuerdo con la DGII, entre 2016 y 2026 se registraron 2,070 empresas de capital chino en el país, de las cuales 1,300 permanecen activas y 770 se encuentran inactivas; solo en 2025 se inscribieron 265 nuevas compañías y otras 132 en lo que va de 2026. Gremios como la Asociación de Comerciantes e Industriales de Santiago (ACIS) han calificado esta expansión como una amenaza para el comercio local por lo que consideran competencia desleal, mientras otros comerciantes destacan que la inversión china ha evitado el cierre definitivo de locales históricos y ha dinamizado zonas comerciales deprimidas.

La influencia china en Latinoamérica: impacto económico y social

Impacto económico

En el plano macroeconómico, China se ha convertido en un socio indispensable para buena parte de América Latina: es el principal comprador de las exportaciones de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, y un financista relevante de infraestructura energética, portuaria y de transporte en la región a través de bancos como el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China. Esta relación ha permitido a varios países diversificar sus mercados de exportación más allá de Estados Unidos y Europa, y ha abaratado el acceso a bienes de consumo, tecnología y maquinaria.

Sin embargo, el patrón de intercambio reproduce en buena medida una división tradicional del trabajo: América Latina exporta a China materias primas de bajo valor agregado —minerales, granos, energía— e importa manufacturas de mediana y alta tecnología, lo que limita el desarrollo industrial local y perpetúa la dependencia de los precios internacionales de los productos básicos (commodities). En el caso dominicano, este patrón se traduce en un déficit comercial estructural y creciente, como lo muestran los cuadros anteriores.

Impacto social

La llegada masiva de comerciantes y trabajadores chinos a ciudades intermedias como Santiago, La Vega, San Francisco de Macorís, Bonao y Puerto Plata ha transformado el paisaje urbano y las dinámicas laborales de esas localidades. Por un lado, ha generado empleos directos e indirectos, dinamizado alquileres comerciales y reactivados locales que estaban cerrados. Por otro, ha reavivado tensiones con el pequeño y mediano empresariado dominicano, que reclama condiciones desiguales de competencia en materia de financiamiento, escala de compra y, en algunos casos, cumplimiento fiscal y migratorio.

A nivel regional, la migración china hacia América Latina —favorecida por las redes comerciales y familiares ya establecidas— ha dado lugar a comunidades cada vez más visibles en las principales ciudades, con sus propios circuitos comerciales, gremiales y culturales, en un proceso similar al vivido por otras oleadas migratorias asiáticas en el pasado.

Conclusión

La expansión económica de China, iniciada hace casi medio siglo con la reforma y apertura de 1978, ha reconfigurado el mapa del comercio mundial y ha llegado con fuerza propia hasta la República Dominicana y el resto de América Latina. El reto para los países de la región —y de forma particular para República Dominicana— no es detener esa presencia, amparada en reglas de libre competencia, sino diseñar políticas públicas que equilibren la balanza comercial, fortalezcan la capacidad exportadora nacional y garanticen condiciones fiscales y migratorias equitativas para todos los actores económicos, sean estos locales o extranjeros.

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El autor es economista.