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PISA orienta, no decide políticas educativas

Los resultados de PISA revelan una crisis global en el aprendizaje escolar

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PISA orienta, no decide políticas educativas
República Dominicana muestra una tendencia de mejora a largo plazo —especialmente en ciencias—, pero sigue en niveles bajos en términos absolutos. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)

El ranking que establece PISA no es lo fundamental, pero tiene impacto en las políticas nacionales o, al menos, incita un debate sobre las fortalezas y debilidades del sistema educativo de los países participantes.

En toda Europa, el desconcierto es muy grande. La mayoría de los países bajó en esta medición en las áreas fundamentales. Lo mismo ocurre en ALC, donde Uruguay y Chile mejoraron su puntuación. Otros, como México, Colombia y República Dominicana, se mantuvieron o mejoraron algunos puntos en ciencias y matemáticas.

El país consistentemente mejora en ciencias, pero refleja debilidades en matemáticas y lectura comprensiva. Muchos atribuyen el fenómeno al cierre provocado por la COVID-19, que condujo, en muchas regiones del mundo, a la pérdida del equivalente a un año de escolaridad, y otros al uso de dispositivos digitales en actividades que no conducen a una profundización en las competencias previstas en el currículo oficial. Muchos alumnos se distraen en usos impropios de los dispositivos digitales.

Lo cierto es que hay un desconcierto generalizado, quedando fuera los países de Asia, como Singapur, Japón, China y Corea del Sur, cuyos resultados son altos. La cultura de estos países, que favorece la meritocracia y la disciplina colectiva, puede ser uno de los factores explicativos.

El informe, publicado el 8 de septiembre, constituye, sobre todo, una llamada de atención sobre el deterioro de los aprendizajes fundamentales a nivel mundial. Resalta el hecho de que muchos países de la OCDE, los ricos y con gran tradición de calidad educativa, bajaron significativamente en su puntuación anterior.

La reacción europea ha sido particularmente intensa, con un trasfondo político e ideológico importante. En España, por ejemplo, el Ejecutivo le atribuyó los bajos resultados a las comunidades controladas por el Partido Popular. En Francia, el ministro de Educación reconoció el revés y apostó por nuevas políticas sobre la formación docente y el uso de libros de texto.

Lo cierto es que PISA ha causado un gran revuelo y orienta a una revisión profunda de las políticas educativas seguidas, sobre todo en los componentes curriculares fundamentales.

En el país, esto nos retrotrae a decisiones tomadas en la Transformación Curricular de los años 90, donde se decidió, en la enseñanza del español, que lo importante era la comunicación, no la forma. Se eliminó la enseñanza de la ortografía, la caligrafía y la lectura comprensiva, aspectos que tenían horarios asignados.

También se introdujo en el sistema de evaluación de los aprendizajes la promoción automática en los primeros grados, que permite que los niños sean promovidos del primero al segundo y al tercer grado sin verificación real de las competencias logradas. En este contexto, el docente prácticamente es desresponsabilizado de los resultados de aprendizaje de los alumnos de esos grados, que son, precisamente, aquellos donde real y efectivamente se debe aprender a escribir y a leer correctamente, con fluidez.

A esto se suma que, en secundaria, durante muchos años los jóvenes, que son los que participan en PISA, carecieron de libros de texto, herramienta fundamental para sistematizar el aprendizaje de los niños y orientar al docente en la aplicación de los contenidos previstos en el currículo.

Es bueno señalar que, desde el final de los años 90, el país ha incorporado laboratorios de informática en las escuelas, pero es con la pandemia que se aumenta la disponibilidad de dispositivos digitales. A cada alumno y docente se les entregó uno, pero su uso ha sido, en verdad, limitado para los aspectos propios del desarrollo pedagógico de los contenidos curriculares.

PISA 2025 no permite afirmar que la tecnología o la inteligencia artificial sean, por sí mismas, responsables del deterioro. Pero sí aparece una relación preocupante entre el consumo digital pasivo, las distracciones y menores resultados, según las conclusiones de la OCDE.

Lo cierto es que el país continúa teniendo resultados bajos en términos absolutos, pero presenta una trayectoria que merece ser observada con atención. Entre 2015 y 2025, la OCDE registra para República Dominicana una mejora promedio de 34 puntos en ciencias, una de las mayores tasas de crecimiento entre los participantes con datos comparables en ALC.

En matemáticas también registra una tendencia positiva de largo plazo. Pero el resultado de 2025 obliga a evitar cualquier triunfalismo. En ciencias, el país obtuvo 361 puntos, frente a 482 del promedio de la OCDE, y el cambio respecto de 2022 no fue estadísticamente significativo. El 74,1 % de los estudiantes quedó por debajo del nivel básico de competencia científica.

La lectura correcta de estos resultados debe combinar dos mensajes: hay una trayectoria esperanzadora, pero el nivel de aprendizaje todavía es insuficiente.

Hay que hacer más esfuerzo para mejorar el proceso de aprendizaje. Esta debería ser una de las principales lecciones de PISA 2025 para los próximos años: el país no necesita limitarse a mejorar posiciones en PISA; necesita convertir la tendencia positiva en aprendizajes sustantivos.

Para ello, resulta indispensable concentrar esfuerzos en lectura comprensiva, matemáticas y ciencias; fortalecer la formación y el acompañamiento de los docentes; utilizar mejor los libros de texto y recursos digitales; integrar la inteligencia artificial con propósito pedagógico; recuperar el hábito de lectura, al menos una hora diaria; fortalecer la dirección escolar, con más liderazgo pedagógico, y establecer metas de aprendizaje verificables.

Además, y muy especialmente, que los docentes destinen el tiempo de aprendizaje a una gestión de calidad de los procesos áulicos, con más disciplina y menos pérdida de horas de trabajo.

El verdadero desafío consiste en pasar de una educación que puede mostrar buenos indicadores de inversión, infraestructura, tecnología o evaluación docente a otra capaz de demostrar, de manera sistemática, que los estudiantes están aprendiendo.

Es lo fundamental del sistema educativo, lo misional.

El esfuerzo del país debe orientarse a garantizar que los niños aprendan y aprendan bien en los primeros grados, y fortalecer los demás, especialmente el primer ciclo de secundaria

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