En el país donde una parte pide mano dura aumentan las denuncias por ruido y persisten los "teteos"
Queremos vivir con orden, pero ese deseo también exige respetar las reglas cuando afectan nuestra propia diversión

Pedir orden resulta fácil cuando el desorden lo provoca otro, pero el verdadero compromiso se pone a prueba cuando nos toca bajar la música o terminar una fiesta para respetar el derecho del vecino a descansar.
Ese es el contraste que merece atención en República Dominicana, donde el 69 % de los ciudadanos considera que al país no le viene mal un poco de mano dura del Gobierno, según Latinobarómetro 2026.
La misma encuesta muestra que el apoyo a la democracia bajó de 55 % en 2024 a 47 %. Hay una demanda de firmeza, pero también debemos preguntarnos cuánto estamos dispuestos a cumplir las reglas que exigimos.
Mientras tanto, las denuncias por ruido siguen creciendo. El director del Sistema 911, Randolfo Rijo Gómez, informó que entre el primero de enero y el 23 de septiembre de 2026 se recibieron 101,743 reportes por contaminación sónica en Santo Domingo.
En menos de nueve meses se superaron los aproximadamente cien mil registrados durante todo 2025. Aunque estas cifras no cuentan exclusivamente los teteos, muestran la magnitud del reclamo por tranquilidad.
Detrás de cada denuncia puede haber una familia que necesita descansar, una persona enferma o alguien que debe levantarse temprano para trabajar.
Estos datos no prueban que quienes piden mano dura sean los mismos que ponen las bocinas a todo volumen. Es posible que muchos reclamen firmeza precisamente porque están cansados de soportar el ruido.
Sin embargo, permiten plantear una pregunta que cada quien puede responder: ¿Aceptamos para nosotros las mismas reglas que queremos para los demás?
Pensemos en alguien que protesta por la música del colmado vecino, pero considera injusto que le pidan bajar la suya durante un cumpleaños.
En ambos casos hay personas afectadas, aunque quien organiza la fiesta encuentre razones para justificarla.
El psicólogo social Leon Festinger estudió esa tensión entre lo que una persona piensa y lo que hace.
La llamó disonancia cognitiva, un concepto que puede explicarse de manera sencilla: cuando nuestra conducta contradice nuestras ideas, sentimos una incomodidad que intentamos resolver.
Podemos corregir lo que hacemos o buscar una excusa para seguir haciéndolo.
Así, alguien que defiende el derecho al descanso podría justificar su propio ruido diciendo que es una ocasión especial.
Este ejemplo ayuda a entender la teoría, aunque no significa que la encuesta haya estudiado ese comportamiento entre los dominicanos.
También debemos distinguir entre cambiar de opinión y cambiar de criterio según nuestra conveniencia. Philip Converse estudió cómo algunas opiniones pueden ser poco estables cuando las personas tienen escasa información o poco interés en un tema.
Sin embargo, ese trabajo no demuestra que los dominicanos cambiemos de parecer más rápido que otros pueblos.
En este caso, la pregunta más útil es si nuestro respaldo al orden se mantiene cuando nos corresponde cumplirlo.
Defender una regla cuando limita al vecino y rechazarla cuando limita nuestra diversión revela una forma desigual de entender la convivencia.
Las autoridades deben atender las denuncias y lograr que sus intervenciones produzcan resultados duraderos, porque el ciudadano no debería llamar una y otra vez para recuperar la tranquilidad.
Pero también nos corresponde reconocer que el derecho a divertirnos tiene límites cuando perjudica a otros.
Hace falta cumplir las reglas de manera constante y aplicarlas con el mismo criterio para todos.
Si queremos orden, debemos empezar por respetarlo en nuestra casa, nuestro negocio y nuestras celebraciones.
La verdadera prueba de ese compromiso llega cuando la bocina que hay que bajar es la nuestra.

Carlos Del Pozo
Carlos Del Pozo