Cae por su propio peso
El cuidado infantil como la estrategia definitiva de desarrollo y salud pública

Si la educación inicial y el sistema de cuidados aparecieran en un menú de instrumentos financieros, serían los activos de mayor retorno. Invertir en el cuidado y la formación de la infancia se asocia con más años de educación, menos criminalidad y violencia, mejor salud, más recaudación fiscal y menos pobreza. Aún así, el país les da la espalda.
Reconocemos una crisis latente de productividad. Decimos que queremos duplicar el tamaño de la economía en menos de diez años, abrir camino a las industrias intensivas en conocimiento y a las tecnologías emergentes para ser menos dependientes de sectores como el turismo y las remesas. Le reprochamos a los jóvenes la falta de habilidades socioemocionales que les dificulta ingresar y permanecer en el mercado laboral. Nos preocupa la deserción escolar en la secundaria. Las pruebas PISA nos recuerdan nuestra gran deuda con la lectura y con el aprendizaje en sentido general. Sucede que todos estos problemas tienen una raíz común que comienza antes de los cinco años.
Según datos oficiales del entonces Ministrio de Economía, Planificación y Desarrollo, en el 2023 había más de 800,000 mujeres fueras del mercado laboral por responsabilidades familiares o del hogar. ¿Se imaginan sumar al mercado laboral una fracción de ese batallón? ¿Se imaginan además reducir el abandono escolar como resultado de un aumento en los ingresos familiares? ¿Menos enfermizos? ¿Que los niños ingresen a la escuela con una base más solida para la lectoescritura? ¿Mayores niveles de memoria, de atención y de autorregulación emocional?
¿Y si les dijera a los incrédulos que el retorno no sería de largo plazo? ¿Que si bien el niño tardaría en ingresar al mercado laboral, como es lógico, las madres que decidan salir del hogar para ingresar al mercado laboral, en cambio, percibirían un retorno inmediato? ¿Y si les dijera que sus niños probablemente fueran menos onerosos para el Estado, precisamente por recibir un mejor cuidado, mejor alimentación y gozar de mayor salud?
El país que todos queremos comienza en el cuido y en el maternal. Una inversión de calidad en la primera infancia nos ofrecería el retorno de una buena política educativa, sumado a los beneficios de una política de salud, de empleo y de equidad de género.
Hacer de la primera infancia una prioridad nacional cae por su propio peso.

Samuel Bonilla Bogaert
Samuel Bonilla Bogaert