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Desinformación, la primera ganadora del choque entre Bukele y pandillas haitianas

The New York Times publicó una versión que Bukele desmintió, pero luego un medio haitiano difundió un video que puso en duda la explicación del presidente

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Desinformación, la primera ganadora del choque entre Bukele y pandillas haitianas
La batalla digital de la desinformación: el caso Bukele y las pandillas en Haití. (EFE/ ROBERTO ESCOBAR)

En la confrontación entre Bukele y las pandillas haitianas, la desinformación parece ser la primera ganadora de una disputa que también se libra en el ecosistema digital.

Quienes seguimos los acontecimientos corremos el riesgo de asumir como ciertas las versiones de sus protagonistas antes de que hayan sido verificadas.

El problema alcanza a ciudadanos, periodistas y analistas, porque todos podemos confundir una declaración convincente con una explicación comprobada de lo ocurrido.

Hoy, el presidente de una nación puede comunicar su versión de los hechos directamente a miles de seguidores, respaldado por la autoridad de su cargo.

Los líderes pandilleros también pueden dirigirse a sus audiencias para difundir amenazas, exhibir poder y divulgar sus relatos.

Sus responsabilidades y su legitimidad son distintas, pero esa diferencia no elimina la necesidad de verificar sus afirmaciones.

El respaldo a un gobernante no obliga a aceptar cada publicación suya como prueba, así como condenar a las pandillas tampoco permite atribuirles hechos sin comprobarlos.

Cada protagonista decide qué muestra, qué omite y cuándo publica, mientras el público intenta comprender desde su teléfono una realidad que no puede observar en su totalidad.

Un video auténtico puede conducir a conclusiones equivocadas si desconocemos su fecha, procedencia o contexto.

Aunque la inteligencia artificial facilita fabricar imágenes y voces, también se puede desinformar con materiales reales.

Basta presentar una grabación antigua como reciente o atribuirle un significado que las imágenes, por sí solas, no permiten establecer.

A esa dificultad se suman nuestras expectativas.

Quien admira a Bukele puede aceptar fácilmente una versión favorable a su actuación, mientras que quien lo rechaza puede apresurarse a creer cualquier anuncio de fracaso.

El miedo que provocan las pandillas también puede llevarnos a exagerar su capacidad a partir de sus publicaciones.

El reto del periodismo consiste en verificar antes de que la repetición convierta una versión en una "verdad" colectiva.

El episodio de los restos humanos encontrados en Haití ilustra esta incertidumbre.

The New York Times informó que podrían corresponder a los cuatro militares salvadoreños desaparecidos y señaló que se necesitaban autopsias para identificarlos.

Bukele lo negó y publicó documentos de un soldado chadiano como parte de su explicación.

Posteriormente, según reportó El Día, el medio haitiano Le Quotidien 509 difundió un video en el que el militar afirmaba estar vivo.

Esa aparición puso en duda el vínculo entre los documentos y los restos, aunque no establecía por sí sola la identidad de los cadáveres.

La secuencia obliga a distinguir entre una posibilidad, una declaración y una identificación comprobada.

Un documento encontrado en una zona no basta para determinar a quién pertenece un cadáver, mientras un video requiere comprobar identidad, fecha y contexto.

La responsabilidad periodística consiste en precisar qué se sabe, quién sostiene cada afirmación y qué preguntas permanecen abiertas.

Reproducir lo dicho por una autoridad acredita que lo declaró, pero no demuestra que su explicación haya sido confirmada de manera independiente.

Para República Dominicana, la cercanía con Haití hace especialmente necesario ese rigor.

Los rumores pueden alimentar temores y distorsionar el análisis de acontecimientos con posibles consecuencias para nuestro país.

Desear el rescate de los militares y condenar a las pandillas es compatible con exigir pruebas y reconocer lo que todavía desconocemos.

Todos corremos el riesgo de ser desinformados cuando las versiones de los protagonistas sustituyen la verificación.

Si aceptamos como verdad aquello que deseamos creer, dejamos nuestra comprensión del conflicto en manos de quienes buscan influir en ella.

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