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De Libros y kilos

La biblioteca como sospecha: inspecciones, maletas violadas y el celo aeroportuario

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De Libros y kilos
Treinta libras de historia: la rutina de desguazar, subrayar y transportar libros (SHUTTERSTOCK)

Investigar para un libro es tan importante como escribirlo. Hacerlo desde Europa es una pesadilla. Hay muchos escollos que sortear.

Los libros criollos escasean. Pocas embajadas tienen bibliotecas (las de París y Madrid son excepciones imitables); pocos aparecen en tiendas ´online´. También escasean los electrónicos (la biblioteca virtual del AGN es otra anomalía loable).

Conseguir libros en el país es más fácil, pero no demasiado. Hace poco constaté que en una sucursal de la principal librería dominicana —casi la única— hay unos setenticinco títulos dominicanos. En la principal hay algunos más. Y en mi sala muchos más. Cuesta creerlo.

Tengo más libros prestados que comprados. Devuelvo algunos; otros, no: los desguazo y los subrayo. Amigos: gracias y excusas.

¿El incordio mayor? Transportarlos. Llevo siempre más de treinta libras de libros. A estas se suma la suspicacia hacia los que vamos a Bruselas, uno de los destino favorito de los traficantes. Los controles son múltiples. Después de los rayos X, mis maletas son siempre abiertas. En otros países, la diferencia entre un libro y un kilo es evidente; en el nuestro, no.

No cierro las maletas que registro: son sistemáticamente violadas para dejar un acta con el lugar de inspección —La Caleta, Boca Chica, Santo Domingo—, los artículos del código procesal penal que autorizan tal violación, las firmas ilegibles de los agentes actuantes y faltas de sintaxis en cuatro idiomas. Hay, además, una frase inquietante: "[...] del señor [...] quien pretende viajar [...]" (¿y la presunción de inocencia?). Felizmente, anotan siempre "sin novedad".

Las maletas de mano también son abiertas. "¿Nadie viaja con libros?", pregunto. Contestan: "Sí, pero no con tantos". Ojo: hablo del CESAC. Falta la DNCD. Primero, un perro olfatea mis maletas; luego un agente las sopesa —¿?— con un movimiento vertical de brazo y hombro. La maleta es reabierta; la pregunta y la respuesta, repetidas.

Portar libros es sospechoso: también yo recibo rayos XXX. En vano: solo aparecen mis pudicias.

Siento pena, no ira. Siempre llegan a Bruselas todos los libros. Siempre pienso: "¡ay del país donde los libros son tomados por kilos!".

TEMAS -

 Es ingeniero industrial (PUCMM, 1991) y titular de un máster en Negocios Internacionales (Universidad de París X, 2004). Su vocación es, sin embargo, la de escritor. Ha publicado varios centenares de artículos en la prensa nacional.