AM. - Gloria y fama
Siempre me ha fascinado el éxito de las revistas sociales de los medios de comunicación que es, por demás, un fenómeno universal.
El mundo parece estar encantado con las historias rosas, con el último divorcio o infidelidad y con las pasarelas de modas. Se pagan millones por la foto de la boda de una diva o del hijo recién nacido de una celebridad.
Siempre me he preguntado el por qué de esta fascinación. La única explicación que encuentro es que nos hemos quedado sin héroes, y nos hemos transado por los famosos.
Los antiguos distinguían muy bien entre gloria y fama. La fama era pasajera, la gloria, permanente.
La fama en la mitología, nunca fue considerada una divinidad auténtica, sino alguien cuya veneración dependía de la cambiante voluntad del pueblo. Virgilio la describe como "la más veloz de todas las plagas, vive en la movilidad y corriendo se fortalece; pequeña y medrosa al principio, pronto se remonta por los aires y, con los pies en el suelo, esconde su cabeza en las nubes..."
Sófocles, tan agudo siempre, llama a la fama, la hija de la Esperanza, que representaba los rumores vagos, de origen impreciso, y Ennio la llama, la consolación de los mediocres, una forma ruidosa de ocultar la ausencia de verdadera gloria.
En nuestro caso, la ausencia de héroes, de formación en maestros y alumnos, de valores espirituales, de mitos nacionales, nos llevan a idolatrar a cantantes, actores o deportistas.
Necesitamos realzar a los héroes y las glorias de cada día.
atejada@diariolibre.com
El mundo parece estar encantado con las historias rosas, con el último divorcio o infidelidad y con las pasarelas de modas. Se pagan millones por la foto de la boda de una diva o del hijo recién nacido de una celebridad.
Siempre me he preguntado el por qué de esta fascinación. La única explicación que encuentro es que nos hemos quedado sin héroes, y nos hemos transado por los famosos.
Los antiguos distinguían muy bien entre gloria y fama. La fama era pasajera, la gloria, permanente.
La fama en la mitología, nunca fue considerada una divinidad auténtica, sino alguien cuya veneración dependía de la cambiante voluntad del pueblo. Virgilio la describe como "la más veloz de todas las plagas, vive en la movilidad y corriendo se fortalece; pequeña y medrosa al principio, pronto se remonta por los aires y, con los pies en el suelo, esconde su cabeza en las nubes..."
Sófocles, tan agudo siempre, llama a la fama, la hija de la Esperanza, que representaba los rumores vagos, de origen impreciso, y Ennio la llama, la consolación de los mediocres, una forma ruidosa de ocultar la ausencia de verdadera gloria.
En nuestro caso, la ausencia de héroes, de formación en maestros y alumnos, de valores espirituales, de mitos nacionales, nos llevan a idolatrar a cantantes, actores o deportistas.
Necesitamos realzar a los héroes y las glorias de cada día.
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