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AM. - Síndrome de Estocolmo

La relación de este gobierno (y del anterior, y del anterior) con los choferes de carro público es lo más parecido al Síndrome de Estocolmo que se puede encontrar en política.

Es la única manera de entender que desde el gobierno se beneficie a estas empresas privadas con el dinero que pagaremos todos al llenar el tanque del vehículo. (Que necesitamos, entre otras cosas, porque esas empresas ofrecen el peor servicio imaginable).

Estas empresas privadas son la fuerza de choque que utilizan los partidos a su antojo y conveniencia cuando se avizora una elección. Aparecen los acuerdos de apoyo o desacuerdos de huelga, y estos empresarios de destartalados vehículos y modales groseros, terminan ganando una flotilla nueva.

Esta vez, el secuestrado que simpatiza con su secuestrador, ha encontrado una manera realmente original de comprarles los carros nuevos: lo pagaremos nosotros directamente.

Y además... ¿qué pinta el Director de la CAASD en este lío? La única explicación (si es que se puede decir que explica algo) es que Freddy Pérez es el alma, corazón y vida del proyecto Leonel 2012.

No, no hay cómo justificar este negocio.

Los empresarios del transporte han abusado de sus usuarios hasta el límite. Ofrecen un servicio indigno, caro, incómodo y obsoleto. Y los gobiernos han sido incapaces de organizar un transporte público para no contrariarlos. Si no es Síndrome de Estocolmo, se parece mucho.

IAizpun@diariolibre.com