Quién necesita a quién
Conani ha ganado titulares por tres desgraciados incidentes
Tres desgraciados incidentes en pocos días pusieron a Conani en los titulares de los medios y en los comentarios de las redes, algunos realmente llamativos por su mala intención. Algo pasaba (o no pasaba) con la institución obligada a proteger los derechos de los más vulnerables.
Dos presidentas en dos años de gobierno no es una buena carta de presentación, sin duda. Pero el Conani es un organismo más complejo de lo que se entiende en la calle. Seis instituciones del gobierno tienen asiento en su consejo rector. Y seis oenegés que trabajan con la infancia además de las iglesias católica y evangélica. Así, con un órgano directivo representativo (puede ser que más de la cuenta) trabaja un programa que no se detiene. Entre otras cosas, porque resolver urgencias, desgracias e incidentes son su cotidianidad.
Sus hogares de paso no son albergues, aunque haya familias que se desentiendan de sus hijos tan pronto “logran” que un juez o un fiscal los “mande” para Conani. Es ese eslabón, la desprotección familiar, lo que origina la vulnerabilidad en la que tratan de sobrevivir estos menores.
Hablamos de bebés abandonados, de niñas metidas en burdeles por sus propias familias o de menores de ambos sexos violentados en sus casas. De menores que viven en la calle porque se sienten más seguros que en “sus familias” y que arrastran retrasos educativos que marcarán sus vidas.
Alexandra Santelises, su directora, ha hablado y explicado en estos días, por muchos medios, lo que hace Conani. Subyace en su mensaje algo que ella no dice literalmente: a todos nos interesa y nos incumbe que Conani funcione bien porque trabaja para restablecer los derechos del eslabón más débil de la sociedad.
Todos necesitamos a Conani, aunque solo nos acordemos cuando las cosas les fallan.
Inés Aizpún