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Callecondear

Pasear por el Conde era un verbo. Se olvidó al mismo tiempo que el ocio, la moda, las compras y los cafés se trasladaban a otras partes de la ciudad

Pasear por el Conde era un verbo. Se olvidó al mismo tiempo que el ocio, la moda, las compras y los cafés se trasladaban a otras partes de la ciudad. (No se puede decir me voy a callepiantinear, por ejemplo. Ni decir ni hacer.)

Pero hoy El Conde, a la espera de ese fantástico trabajo de recuperación que todavía es un proyecto en planos, es casi un deporte de riesgo. Por decirlo de alguna manera... si tropieza en El Conde, mejor se pone usted una antitetánica.

No se entiende que se esté permitiendo instalar a pie de calle discotecas con sonidos estruendosos, que se amontonen los puestos de venta ambulante que impiden el paso y que luego, cuando empiecen las obras, conformarán un movimiento de padres de familia con los que no se podrá negociar (nunca se puede). Hay edificios abandonados a cuyos dueños se debería exigir un poco de limpieza. Por lo menos para que no huelan a basura vieja.

Poco a poco la calle, que atrae cada vez más familias, turistas y grupos de jóvenes en fin de semana... se arrabaliza. Es el ruido, especialmente el ruido de bocinas en localuchos contiguos compitiendo por llamar la atención. (¿Hay prostitución a plena vista? Si no es, se le parece bastante...)  ¿Hay que permitir que todo vaya a peor  porque en un futuro se va a “arreglar”?

Flanquean la calle hermosos edificios que cuentan la historia de la arquitectura dominicana del siglo XX, finales del XIX. Recuperarán su esplendor y su importancia cuando se complete la intervención planeada. Unos serán hoteles, otros se dedicarán a la vivienda. Los bajos serán, como un día lo fueron, locales comerciales y la arteria volverá a invitar al paseo, al ocio, las compras, al encuentro... Pero mientras tanto se necesita una intervención urgente de sentido común, urbanidad y limpieza. (¡Y ese ruido!)

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Inés Aizpún es una periodista dominicana y española. Ha recibido el premio Caonabo de Oro, el Premio de la Fundación Corripio de Comunicación por su trayectoria, y el premio Teobaldo de la Asociación de Periodistas de Navarra.