Epstein y compañía
Retrato de una élite mundial repulsiva
El presidente de DP World, el Sultan Ahmed bin Sulayem. Mette-Marit, esposa del futuro rey de Noruega. Noam Chomsky, el venerado gurú de la izquierda. Andrés y Sarah, ex duques de York. El ex ministro de Cultura de Francia, Jack Lang. Woody Allen. Embajadores y políticos del gobierno de Gran Bretaña. Donald Trump y Bill Clinton. Hombres y mujeres. La lista de amistades y relacionados de Epstein no deja de asombrar. Su red de contactos a los niveles más altos de la política, la sociedad y la cultura mundiales es extensa y perversa.
Poco a poco van conociéndose los nombres de los que de una manera u otra sucumbieron a los beneficios que ofrecía la relación con este multimillonario y certificado pederasta. Prestaba o regalaba millones de dólares, organizaba encuentros sexuales, corrompía a menores. Hacía negocios, tejía acuerdos, regalaba mujeres. ¿Tenía un radar excepcional para identificar corruptos y depravados? ¿O los engatusaba y corrompía él? Si sus habilidades sociales hubieran estado dirigidas a buenas causas habría hecho maravillas.
¿El who is who de la élite mundial está tan viciado y es tan asquerosamente corrupto? ¿La élite mundial prostituye y se prostituye con tanta naturalidad como los correos revelados permiten entender? ¿Se sienten tan impunes que ni siquiera se cuidan de no dejar por escrito sus barbaridades? ¿Se dejaban fotografiar como quien hace selfies en una gira de la empresa? Musulmanes, católicos y protestantes unidos por la fé en placeres turbios.
Llegar al poder cambia los códigos de conducta, indudablemente. Altera sobre todo la percepción de sí mismo del que llega. Que el poder corrompe se comprueba a niveles elementales, no hace falta llegar a la cúspide del poder mundial para comportarse como un cretino. Pero... es devastador confirmar que en gran parte, nuestra vida depende de decisiones (políticas, económicas, diplomáticas) que toman una recua de impresentables.

Inés Aizpún