Senasa 2.0
El Colegio Médico tiene la obligación de defender al paciente
La víctima es el paciente no solo el contribuyente. El paciente más pobre. Es lo que hace al Caso Senasa tan vil y es la razón por la que su trascendencia social va más allá de un juicio por corrupción. Al fin y al cabo, a ser estafados nos hemos casi acostumbrado.
Pero Senasa 2.0 tiene (así se ha informado) el factor del cuerpo de médicos que se aliaron para cometer una de las patas del fraude. Patas, les llamó Wilson Camacho, y anunció que nos falta por conocer una tercera.
Quedémonos en la segunda: los médicos que prescribían procedimientos innecesarios, que mentían sobre urgencias inexistentes, que sobre recetaban tratamientos. ¿Quiénes son, dónde trabajan? ¿Cómo nos defendemos de ellos?
Las investigaciones pertinentes no pueden ser muy complejas porque no se trata de una maraña de sociedades en paraísos fiscales, por ejemplo. Es un médico que firma un procedimiento. A lo sumo, un grupo de ellos que en una clínica u hospital lo hacen en equipo... El silencio sobre su identidad repercute (de nuevo) en la confianza del ciudadano en el Ministerio Público.
Por su parte, el Colegio Médico tiene la obligación moral de expedientar y cancelar la colegiatura de todos los médicos que participaron en la mafia. ¡No existe solo para pedir aumento de sueldo! Su primera responsabilidad es preservar la integridad de su gremio defendiendo a los enfermos.
Es un secreto a voces dentro de la profesión. Saben quién y cómo trabajaba para la mafia de Senasa. Por eso los tiempos del MP no parecen garantistas sino dilaciones. Si en Senasa 2.0, como ocurrió con Odebrecht, no aparecen los corrompidos, no va a haber modo de creer el mantra de la independencia del Ministerio Público. (Por cierto... el Caso Medusa lleva camino de convertirse en el Caso Bostezo.)

Inés Aizpún