¿Es una buena idea?
Los guardianes del tránsito no somos los ciudadanos
Que los motoristas se apandillaran o agredieran al conductor del vehículo en un percance de tránsito era cuestión de tiempo. Eso no ha ocurrido de la noche a la mañana. Años de infringir impunemente la normativa de tránsito produce monstruos. Como también es cuestión de tiempo que algún imprudente devuelva a tiros la agresión.
La dejación de funciones de las autoridades durante décadas ha tenido todo que ver con la situación que sufrimos hoy. Ahora, el Intrant lanza Guardianes del Tránsito, programa de desafortunado nombre. Los guardianes del tránsito no somos los ciudadanos. Mucho menos los adolescentes. Somos responsables de cómo circulamos, pero no somos guardianes de nada ni de nadie.
Eso es derivar las responsabilidades.
No es una cuestión menor. Individualmente solucionamos en nuestro hogar la escasez de agua y la falta de un suministro estable de luz. Pagamos los vigilantes privados del edificio. Costeamos la educación privada –si la elegimos– para nuestros hijos y la pública con nuestros impuestos. Lo mismo con la salud. Asumimos individualmente responsabilidades del Estado.
La intención es buena, por supuesto: ¿quién podría oponerse a que se eduque? Pero apostar a que los conductores del futuro se porten bien ignorando lo que ocurre hoy es engañarse. Es más fácil enseñar en las escuelas la teoría que exigir una licencia a los motoristas en la práctica.
Subirse a una acera o acelerar en el carril contrario es una decisión consciente, no es ignorancia. Apedrear a un vehículo no es falta de instrucción, es una agresión intencional. Permitir que ocurra anula el efecto de cualquier operativo ocasional. Estas iniciativas aisladas desnudan el fondo: nadie tiene un plan.
El Intrant no tiene prerrogativa legal para detener a los infractores, pero sí para regular el sistema de licencias. Todo empieza por ahí, por que cada institución cumpla con la ley.

Inés Aizpún