Víctima colateral
Que no se nos olvide quién es la verdadera víctima
Falta una semana para que se proceda a la lectura de la sentencia íntegra del caso de Wander Franco. El Ministerio Público deberá esperar a entonces para apelar ese "perdón" judicial. Así anunció que lo haría y en eso confía todo el que tiene un poco de sentido común.
Recordemos que se conformó un tribunal colegiado especialmente para el caso, formado por los magistrados José Antonio Núñez, Jenny Amarilis Martínez y Praire Ruiz. Para entender lo que se dijo el 25 de mayo, día en que se dictó la abracadabrante sentencia, hay que recordar que Wander Franco fue encontrado culpable de los delitos de abuso sexual y abuso psicológico de una menor de edad (de 14 años entonces). Pero el pelotero es según los jueces, además de culpable, una "víctima colateral."
Explicaron sus señorías que "(...) antes de 1997 no existían las sanciones ni el reproche social, legal ni moral a las relaciones entre adulto y menor de edad." Y que, si nos ponemos a ver, el pobre Wander se vio metido en el proceso porque se destapó el delito ya que"(...) los hechos ocurrieron y todo pudo quedarse en el misterio de la sombra del secreto de una familia." Misterio, sombra, secreto... ¡una novela!
Habrá que leer la sentencia íntegra, pero de lo escuchado ese día se deduce que el agresor es víctima. Que el secretismo protege a los agresores. Que al parecer hay que considerar que antes de 1997 las relaciones de un adulto con una menor eran habituales y por tanto esto de que están mal es una modernidad importada.
Que el pobre Wander no merece la cumplir la pena que conlleva el delito del que efectivamente es culpable. ¿Dónde quedó el concepto de ejemplaridad de las sentencias? (Demasiadas explicaciones para justificar que este adulto reciba un perdón judicial. )

Inés Aizpún