Médicos y médicos
Dar con médicos empáticos empieza a ser una habilidad social
Desconfíe del médico que cree que "atenderle" por zoom cinco minutos entra en la categoría de Telemedicina. O del que le cita a las 3.00 pm y llega al consultorio una hora y media después con aspecto de venir de un entretenido almuerzo. No crea que es correcto, aunque sea habitual, hacinar enfermos en una sala de espera diminuta compartiendo virus y tristezas con desconocidos.
Proteste al doctor que no le entrega sus resultados a su debido tiempo. No acepte que le obliguen a pagar otra consulta por explicarle los estudios que usted ya pagó. ¡Ah! y los médicos que venden aparatos o remedios... tampoco entusiasman. No permita que la secretaria del consultorio ignore sus llamadas o mensajes. No sea usted un pesado, pero las emergencias exigen respuesta.
Si su médico no le da seguimiento, si es usted quien debe caerle atrás... busque otro. Si da explicaciones al acompañante pero no mira al paciente a los ojos, dude de su capacidad de curar. Si el doctor le hace sentir que usted no es más que otra factura por cobrar es probable que sea así. No permita ser atendido por enfermeras con uñas acrílicas, cabello suelto o con un celular en la mano. Huya de la clínica que lo permite.
Pero también hay médicos conscientes de que la empatía es tan importante como la tecnología, enfermeras cálidas y profesionales que son parte esencial de la cura y centros –públicos y privados- que respetan el tiempo del paciente y cuidan su frágil estado emocional. Doctores que viven su profesión con la vocación que les empujó a estudiarla. Dar con ellos empieza a ser una habilidad social. Si la corrupción en el sector de la salud es particularmente perversa, la deshumanización de la práctica médica es imperdonable.

Inés Aizpún