Terremotos
La furia de la naturaleza desnuda la fragilidad del régimen venezolano
Los desastres naturales desnudan la realidad de un país. Un terremoto de 7 grados en Haití (2010) no produce la misma devastación que en Japón (2026). Venezuela, empobrecida hasta la miseria por una dictadura cruel e ineficiente, se enfrenta a la tragedia desarmada. La democracia también sirve para esto, no solo para votar.
Llegará la ayuda. Toda América Latina la envía, la Unión Europea se compromete, Estados Unidos ya ha eliminado las sanciones. Los pozos petrolíferos producen un 15% más que en enero y la infraestructura de transporte clave no ha sido afectada, según parece. Tampoco ha sido muy dañada la red eléctrica y de suministro de agua de Caracas. Eso permite pensar en una reconstrucción más rápida, mientras se enfrenta el desastre humanitario.
Los edificios del plan de vivienda que puso en marcha el chavismo han caído como castillos de naipes (metáfora obvia). El manejo de la ayuda humanitaria, se espera, correrá a cargo del PNUD, aunque nadie duda de que en estos ecosistemas políticos tan corrompidos parte se pierda en el camino... Que el chavismo se derrumbe de una vez por todas debería ser una consecuencia a los temblores. Lo que no pudo lograr la voluntad popular legítima quizá lo logre la furia de la naturaleza.
Ocho millones de desplazados según la ACNUR: falta mucho para que Venezuela pueda respirar normalidad, ya era un país roto. La economía del mundo más empobrecida sin que medie una guerra, constata la ONU, con la hiperinflación más prolongada. Un retrato económico, demográfico y social que resume en cifras constatables la huella del chavismo.
Lo más grave de la corrupción no es que unos pocos se hagan ricos, es que empobrece a los demás. Eso se aplica a Venezuela y a cualquier país que pueda decir que vive en democracia...

Inés Aizpún