Españoles dominicanos (y viceversa)
Hoy la Casa de España, para celebrar su 109 aniversario, homenajeará a algunos de estos españoles que no volvieron (ni volverían) de vuelta a su tierra
Las relaciones entre España y República Dominicana no se asientan en los despachos políticos ni pululan en los salones diplomáticos. Se trenzan en las historias de los migrantes que en diferentes oleadas cruzaron el Atlántico. Antes en un sola dirección, hoy en ambas.
Los que llegaron en los tiempos remotos de la Colonia. Quienes emigraban en el siglo XIX buscando sobrevivir. Los que a principios del XX llegaban muy jóvenes en aquellos barcos que lo mismo atracaban en Cuba, que en Puerto Rico, que en Dominicana. Los españoles que se asentaron en Baoba del Piñal, Constanza, San Pedro, San Juan... Los exiliados de la Guerra Civil, pocos, que hicieron aquí escala antes de seguir viaje a México. Los que se quedaron y dejaron una huella profunda en el mundo del arte y la cultura (añorada María Ugarte). Algunos vinieron a trabajar la tierra, otros a vivir detrás del mostrador de un colmado hasta levantar grandes empresas. Los ejecutivos de compañías internacionales que no terminan de sentirse emigrantes. Todos con curiosidad y sobradas ganas de prosperar.
Dicen que España se entiende mejor desde América. Más aún, que su complejidad y su unidad sólo se entienden desde este lado del Atlántico. Y sí; desde aquí se aprecian mejor las virtudes y defectos de un país que nunca se deja de añorar.
Hoy la Casa de España, para celebrar su 109 aniversario, homenajeará a algunos de estos españoles que no volvieron (ni volverían) de vuelta a su tierra. Porque hicieron aquí su vida, levantaron su familia, construyeron un mundo de amigos, desarrollaron su profesión en una patria que les acogió sin recelo. Sienten República Dominicana tan en el corazón como el pueblo que dejaron atrás. Y cuidado si no más. Saben que tener dos patrias es un lujo y un honor.

Inés Aizpún