Respeto
¿Somos como manejamos?
Aunque los motoristas nos tengan acorralados/atemorizados, reconozcamos que sobre cuatro ruedas también manejan verdaderos peligros. Mención aparte, las patanas en carriles inconvenientes o a velocidades prohibidas.
Un ejemplo: la cantidad de vehículos con los vidrios totalmente tintados es exagerada. Nadie sabe quién va dentro ni de quién se oculta (si es por el calor, el negro absoluto es innecesario). Y así, de incógnito total, se produce un inconveniente que da lugar a más de un accidente: la comunicación con otro conductor es imposible. Los carros parecen el casco de Dath Vader con ruedas.
Un intercambio de miradas o un gesto permite anticipar un movimiento, un "pase usted primero", un "gracias". Hay comunicación, hay respeto.
No está permitido; aunque la ley no especifica el grado de oscurecimiento legal, sí aclara que no debe obstaculizar la visión. Ni de dentro hacia fuera, ni de fuera hacia dentro.
Otro ejemplo: el No estacione. Olímpicamente, se obstruye el paso con la excusa de no estar estacionado porque el chofer está dentro. No está parqueado, arguye: "es un momento". Quizá un No detenerse sería más específico.
Respeto. A los derechos del peatón, a los derechos de otro vehículo a circular por su carril sin obstáculos, respeto a las horas de carga y descarga, a los espacios habilitados para parquear, a las entradas de los hogares. Respeto.
El tránsito es un estudio sociológico. El estado del parque vehicular y de las carreteras, la calidad del transporte público. El uso indiscriminado de las bocinas, los contaminantes de los tubos de escape. El respeto a las normas de circulación. Todo esto dibuja un modo de ser y estar en sociedad. Si somos honestos, nuestro retrato será el de una sociedad que ha decidido obviar las formas y modos de mostrar respeto a los demás. Si además no hay sanción...

Inés Aizpún