Maridalia
El lujo del silencio y la autenticidad en la industria musical actual
La invitación tenía un pie que la hacía muy atractiva: no se permitirían fotos, grabaciones ni publicaciones en redes sociales. Por fin, un poco de discreción. Ahora que el lujo es el silencio y que algunos restaurantes prohíben la entrada a influencers, ser incluida en algo así halagaba. Tampoco es que se tratara de una reunión secreta de una logia nueva. Era algo todavía mejor: la invitada a ese primer capítulo de "Vidas que contar" era Maridalia.
Y así, el grupo de desconocidos (o no tanto), amigos (algunos) y cómplices en el delito pudo preguntar lo que quiso a la gran artista. Y generosamente la protagonista se sinceró. Desengaños, los normales. Arrepentimientos, los justos. Terapias, las necesarias. Recuerdos de una familia de artistas sin espacio para el aburrimiento: la tía Margarita, reina de tantos carnavales. Éxitos enormes y fracasos que le ayudaron a entender la naturaleza humana. Aprender a perdonarse a sí misma, la gran lección. ¿Errores? Algunos, pero no los que se suponen. Lo que tenía que pasar, pasó.
La misma voz, enorme e íntima. Nadie canta a capela como ella, lleva la orquestación incorporada. Una mujer sin botox en la cara ni cirugías en el alma. Generosa con sus colegas en una industria desalmada. Una vocación vivida con todo lo que le ha requerido y que lleva como condena el escrutinio público incesante. El arte como destino; ineludible. Respeto ilimitado al público. La lucha por mantenerse en un mercado que no premia a las mujeres solistas. Discreción a la hora de dar consejos. ("¿Cuál es la línea que separa el éxito del fracaso?") La búsqueda de paz interior en la madurez. Orgullo de saberse solicitada después de 45 años de carrera.
Una mujer normal con un don excepcional. Se sabe afortunada, quizá por eso se arrancó a cantar ... que la vida es bonita y es bonita...

Inés Aizpún