Corrupción carcelaria

La Penitenciaría Nacional de La Victoria fue ocupada ayer por unos mil agentes de policía y soldados como forma de tomar control del centro y romper las mafias que se han denunciado existen en ese “almacén de presos”, como ha sido calificado.

Los mismos que ordenaron la ocupación saben que será un esfuerzo inútil.

La guardia puede permanecer el tiempo que quiera en el lugar. En pocos días incautará miles de armas blancas y de fuego, centenares de teléfonos celulares y logrará que se calmen las bandas temporalmente.

A los pocos días verán la revuelta de los presos, o que como misterio, vuelvan a aparecer las armas y los celulares entre otros populares instrumentos en nuestras cárceles y en las del mundo, pero particularmente en las de América Latina.

La razón es que el problema no está en la ocupación militar más o menos prolongada, sino en el hacinamiento de presos de diferentes categorías delicuenciales, en el relajamiento de la disciplina carcelaria, en la enorme corrupción y en las bandas, para solo citar algunos.

Las condiciones materiales de existencia en el modelo carcelario de La Victoria son inenarrables, al igual que en el 15 de Azua y en Najayo. ¿Cómo vamos a rehabilitar a un preso en esas condiciones, si es que sobrevive a las enfermedades y a las agresiones? ¿Cómo controlar una cárcel si los presos de máxima seguridad están mezclados con personas que cumplen medidas de coerción?

La cultura dominante quiere que los presos sufran más que lo que implica la pérdida de la libertad. Eso no es humano ni civilizado.

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